jueves, 8 de octubre de 2026

Tres conversaciones en una mañana

Hay mañanas en las que uno se levanta y encuentra el mundo exactamente donde lo dejó. Y hay otras en las que tres mujeres importantes le muestran, cada una a su manera, una verdad distinta sobre el amor, la amistad y el tiempo.

Esta fue una de esas mañanas.

Me desperté con dos audios de Daniela. Veníamos de un enojo y de un silencio. Sin embargo, en medio de ese escenario apareció una propuesta inesperada. Me propuso una relación de poder y obediencia. Una relación donde yo ocuparía simbólicamente el lugar del amo. Lo curioso era que todas las reglas venían ya definidas de antemano y, entre ellas, una especialmente difícil para mí: el silencio.

Yo le respondí algo que considero verdadero desde hace años. Uno de mis dones es la palabra. Hablar, escuchar, pensar en voz alta, construir puentes mediante las conversaciones. No me interesa una relación edificada sobre el silencio como principio. Los silencios pueden ser hermosos cuando acompañan la palabra. Pero cuando la reemplazan, dejan de parecerme compañía.

Mientras intentaba comprender ese diálogo, recordé otra conversación ocurrida casi al mismo tiempo.

La noche anterior le había dicho a mi amiga Alina que me agradaría que fuéramos amigos con derechos. La respuesta llegó clara, limpia y sin rodeos. Amigos. Sin derechos de ningún tipo. Nada más y nada menos.

No fue la respuesta que buscaba, pero sí una respuesta que respeté. Hay algo profundamente valioso en la gente que sabe marcar sus límites con claridad. Alina no dejó puertas entreabiertas ni creó ambigüedades. Simplemente definió el lugar desde el cual quería vincularse.

Y finalmente apareció Analía.

Quizás la conversación más profunda de las tres.

En un momento de tristeza le había propuesto tres posibles caminos: convivir en Villa María, convivir en Córdoba o encontrarnos todos los fines de semana. No eran propuestas impulsivas en su contenido, aunque sí nacieron de una emoción intensa.

Los audios que me envió esta mañana fueron largos y honestos.

Me explicó que atraviesa uno de esos períodos donde la vida cambia de forma. El regreso de Martina desde Italia, el nacimiento de Olivia, modificaciones económicas, el cierre de vínculos importantes y la necesidad de reconstruir ciertas certezas. Me dijo algo que me dejó pensando: no está disponible para tomar grandes decisiones y la presión es precisamente lo último que necesita en este momento.

También habló de las mutaciones del amor.

Dijo que el amor existe, pero que el amor cambia. Que no todo puede repetirse indefinidamente de la misma manera. Que si algo merece una nueva oportunidad debe transformarse para no convertirse simplemente en una repetición del pasado.

Después me pidió algo sencillo.

Que me pusiera bien.

"Ponete fuerte", escribió.

Y, curiosamente, esa terminó siendo la frase más importante de toda la mañana.

Porque Daniela me mostró que no deseo una relación sin palabras.

Alina me recordó que la amistad también tiene fronteras legítimas.

Y Analía me señaló que antes de pedir respuestas a los demás quizás deba recuperar algunas respuestas dentro de mí.

Por eso le contesté que me pondré bien.

No porque la tristeza sea inexistente.

Sino porque he atravesado momentos más duros.

Y porque sigo creyendo, como los viejos guerreros, que la tristeza puede visitarnos, sentarse un rato junto al fuego y contarnos su historia.

Pero no tiene por qué quedarse a vivir con nosotros.

viernes, 25 de septiembre de 2026

Final de obra (2016-2026)

Hoy se alcanzó formalmente el final de obra del interiorismo de mi vivienda.

La historia comenzó en 2016, cuando todavía vivía en el Refugio de Unquillo. El primer paso fue pequeño, pero con el tiempo entendí que había sido decisivo: cambiar el color de los marcos de mis cuadros. Sin saberlo, estaba dando inicio a un proceso que me acompañaría durante los siguientes diez años.

Más tarde me mudé a Villa María. Allí comencé a adquirir el escaso mobiliario que necesitaba, siempre nuevo, ya que desde entonces he habitado departamentos de un dormitorio. No buscaba llenar espacios, sino rodearme de objetos útiles y duraderos.

La etapa siguiente transcurrió entre los departamentos de Marechal, Córdoba Capital y La Calera. Durante esos años realicé pocas reformas materiales, pero llevé adelante una transformación más profunda: empecé a desprenderme de adornos y objetos innecesarios para avanzar en una forma de habitar cada vez más simple. Fue el período en que mi tendencia al minimalismo dejó de ser una preferencia estética para convertirse en un criterio permanente.

Finalmente llegué a mi departamento propio de Alto Alberdi, en la ciudad de Córdoba. Fue allí donde decidí completar el proyecto.

El resultado es una vivienda organizada en torno a una combinación de tres colores principales. El negro mate está presente en los racks, la mesa del comedor, el diván, la cama tatami y la mesita del altar de mi dormitorio. El blanco domina las paredes, los armarios, los bajo mesada, las sillas del comedor, el escobero y la baulera. El color hueso aparece en las maderas nobles: los marcos de mis cuadros, la silla Savonarola, la estatuilla del monje y la mesita ubicada junto al balconcito.

Durante estos años también mejoré las puertas del bajo mesada, mandé fabricar un escobero y una baulera para aprovechar un gran hueco del pasillo, incorporé un aire acondicionado y fui ajustando cada detalle para que el conjunto expresara con mayor fidelidad mi forma de vivir.

Hoy, diez años después de aquel primer cambio de color en los marcos de mis cuadros realizado en Unquillo, recibí la entrega de un nuevo escritorio de madera de pino pintado en color hueso, destinado a reemplazar un viejo escritorio de melamina que ya se encontraba deteriorado.

Con esa entrega quedó incorporada la última pieza pendiente del proyecto y, formalmente, se alcanzó el final de obra.

Diez años, cinco localidades y una misma búsqueda: construir un hogar cada vez más simple, más coherente y más parecido a mí.

sábado, 19 de septiembre de 2026

🌿 Mis 11 laborterapias: las habitaciones de mi casa interior

 A menudo me preguntan a qué me dedico.

La pregunta parece sencilla, pero nunca he sabido responderla con una sola palabra.

No porque tenga una agenda llena de compromisos, ni porque sea una persona extraordinaria. La razón es más simple: mi vida nunca se sostuvo sobre un único trabajo.

Con los años fui descubriendo que existían ciertas actividades que me ordenaban, me serenaban y me ayudaban a mantenerme de pie. Algunas daban dinero. Otras no. Algunas eran visibles. Otras ocurrían en silencio.

Yo las llamo laborterapias.

No porque fueran una terapia en sentido clínico, sino porque en ellas encontraba una manera de habitar el mundo, de darle una dirección a mis días y de transformar las dificultades en algo fecundo.

1️⃣ El jurista ⚖️

La primera habitación de esta casa fue el Derecho.

Allí aprendí a ordenar problemas, entender conflictos y buscar salidas cuando todo parecía enredado. La formación jurídica me enseñó a pensar con rigor y a respetar la responsabilidad que implica aconsejar a otra persona.


2️⃣ El escritor ✍️

Con los años descubrí que escribir era mucho más que redactar.

Escribir fue una forma de pensar, de recordar y de comprender mi propia vida.

Muchos de mis mejores diálogos comenzaron estando completamente solo frente a una hoja en blanco.


3️⃣ El fierrero, restaurador, decorador y operador de sistemas 🚗🏡🖥️

No sólo restauro automóviles y mejoro los espacios que habito. También cuido, mantengo y recupero los sistemas que hacen posible la vida cotidiana: desde una vivienda hasta una computadora, una red doméstica o un ecosistema digital.

Como fierrero, encuentro satisfacción en devolver funcionamiento a una máquina. Como restaurador y decorador, busco orden, armonía y utilidad en los objetos y ambientes que me rodean. Como operador de sistemas, ejerzo el arte paciente del diagnóstico: observo síntomas, identifico causas, pruebo soluciones y devuelvo estabilidad a aquello que ha dejado de funcionar correctamente.

No se trata de una pasión por la tecnología en sí misma, sino de una vocación más profunda: comprender cómo están hechas las cosas para poder conservarlas, corregirlas y prolongar su vida útil. El mismo espíritu que se emociona con la recuperación de un automóvil antiguo encuentra alegría cuando una computadora vuelve a funcionar, una red se estabiliza o un sistema recupera el orden perdido.

En esta habitación de mi casa interior conviven el mecánico, el restaurador, el decorador y el operador de sistemas. Todos comparten una misma misión: reparar, preservar y cuidar. Porque considero que las cosas valiosas merecen una segunda oportunidad antes de ser descartadas, y encuentro una satisfacción serena cuando aquello que parecía averiado vuelve a cumplir su función. 🔧🌿🖥️🚗

4️⃣ El ecónomo 💰

Durante muchos años me tocó aprender a gestionar bienes, ahorros, gastos y proyectos.

Lejos de ser una actividad menor, descubrí que administrar bien es una forma de cuidar la propia libertad.


5️⃣ El bloguero 🌐

Con el tiempo aparecieron mis blogs.

Allí encontré un lugar donde reunir experiencias, aprendizajes, relatos y reflexiones.

Una especie de biblioteca viva construida a lo largo de los años.


6️⃣ El constructor de vínculos 🤝

Las amistades, las conversaciones y los encuentros también terminaron convirtiéndose en una tarea.

No una obligación.

Una vocación.

Aprender a estar presente para otros, incluso cuando la vida se vuelve complicada.


7️⃣ El hombre de apostolado ❤️

Siempre existió en mí una tendencia natural a servir.

No hablo de grandes gestos heroicos.

Hablo de acompañar, escuchar, prestar una mano, compartir una palabra o estar disponible cuando alguien lo necesita.


8️⃣ Operador de Sentido 🕯️

Con el paso de los años empecé a notar que muchas personas no buscaban soluciones.

Buscaban significado.

Comprendí entonces que una parte importante de mi tarea consistía en ayudar a otros a ordenar perspectivas y encontrar una interpretación posible de aquello que estaban viviendo.


9️⃣ Irradiación Humanitaria 🌎

Este trabajo no tiene oficina.

No tiene sueldo.

No tiene horarios.

Consiste simplemente en intentar dejar a las personas un poco mejor de como las encontré.

Una palabra amable.

Una escucha sincera.

Un gesto de compañía.

A veces eso basta.


🔟 Asesoría Leandro 🏛️

Hace poco intenté reunir décadas de experiencia humana, profesional y testimonial en un proyecto organizado.

Nació así la Asesoría Leandro.

Todavía no ha llegado ningún cliente.

Y sinceramente eso ya no me preocupa demasiado.

Porque, aunque permanezca silenciosa, sigue siendo una expresión legítima de algo que he construido durante toda mi vida.


1️⃣1️⃣ Oyente voluntario en 7 Cups of Tea 🍵

La más reciente de todas mis laborterapias llegó desde lejos.

Muy lejos.

A través de la plataforma 7 Cups of Tea comencé a escuchar a personas vulnerables de distintas partes del mundo.

Allí comprendí algo hermoso.

Escuchar profundamente a alguien puede convertirse en una forma de servicio.

No se trata de dirigir vidas.

No se trata de dar sermones.

No se trata de tener respuestas.

Se trata de estar.

Quizás por eso esta undécima laborterapia tiene para mí un sabor especial.

Como si las diez anteriores me hubieran estado preparando lentamente para ella.


🌿 Hoy ya no intento responder cuando alguien me pregunta cuál es mi verdadero trabajo.

Prefiero responder otra cosa.

Que mi vida está hecha de muchas habitaciones.

Y que, mientras Dios me conceda tiempo, seguiré recorriéndolas una por una, agradecido por cada una de ellas.

viernes, 21 de agosto de 2026

Entrada: El Hábito Pelaberri — Versión Definitiva (Canon 2026)

El hábito Pelaberri es la forma adulta y ritual de mi presencia.

No es moda, no es tendencia, no es disfraz: es mi gramática estética, el sistema que ordena mi figura y mi vida cotidiana.
Se compone de tres pilares y un sello.

1. La cabeza Pelaberri

Máquina N°4 en la corona.
Máquina N°2 en la chiva.
Superficie limpia, geométrica, monástica.
Es la claridad del hábito: despeja, afina, fija.

2. El Negro Total (Hábito de Calle y de Linaje)

El Pelaberri se sostiene en negro absoluto, sin excepciones:

  • Camisa mao negra (hábito de calle y de identidad).

  • Pulóveres negros.

  • Sobretodo negro.

  • Chaqueta de cuero negra.

  • Campera deportiva negra.

  • Pantalones negros: jeans o chinos.

  • Botas negras de media caña.

  • Zapatillas de trekking negras para caminar.

  • Pantalón de artes marciales ancho para gimnasia.

El negro no es color: es contorno.
Es la sombra que define la figura y la vuelve reconocible en cualquier contexto.
La camisa blanca queda excluida del canon: se amarillenta, se desgasta, rompe la estética.
El hábito Pelaberri es negro total.

3. Las Uñas Largas Negras (El Detalle Iniciático)

Largas.
Negras.
Prolijas.
Limadas.
Cuidando la forma.

Lo que antes quedaba largo por abandono, ahora queda largo por decisión.
Las uñas negras son el punto exacto donde la historia personal se vuelve símbolo.
No generan miedo.
No generan suciedad.
Generan identidad.

Son el gesto vampírico sobrio, el dragón urbano, el brujo laico.
Son la firma corporal del hábito.

4. El Oro Ritual (Los Dos Únicos Brillos Permitidos)

El Pelaberri admite dos piezas fijas doradas, ambas con sentido espiritual y otras dos plateadas y negras para salir:

  • El anillo escapulario de oro 14k.

  • El arito piercing de oro 18k.

  • Para salir:

  • Anillo de plata con el onix negro y el león

  • El anillo de plata con el onix negro para el índice derecho.

Nada más.
El oro es acento, no adorno.
Es la luz mínima dentro del negro total.

Síntesis del Canon Pelaberri

Pelaberri es la forma.
Rapadeli es la técnica.
Las uñas negras son el sello.
El oro es el acento.
El negro total es el territorio.

Así queda fijado el hábito Pelaberri, versión definitiva del linaje Alippi García, año 2026

Sección para el videíto — “La Ermita El Clermont”

Al final de esta entrada dejo un pequeño video de mi ermita El Clermont, espacio donde el hábito Pelaberri se vuelve vida cotidiana. Es un ambiente trapense, silencioso, ordenado, donde la estética negra y la luz mínima acompañan la presencia.

La ermita es el territorio del hábito:
el lugar donde la cabeza Pelaberri, el negro total, las uñas largas negras y los dos acentos dorados encuentran su forma diaria.

Es mi espacio de retiro urbano, mi celda laica, mi punto de contemplación.
El videíto muestra exactamente eso:
la calma, la sombra, la disciplina y la belleza sobria del linaje.

Sección: El Amuleto Mayor — La Taunus

El hábito Pelaberri no se completa solo con la figura: también necesita su amuleto mayor.
Ese amuleto es la Taunus, vehículo bendecido por un párroco y consagrado por la vida. No es un auto: es un símbolo. Es la pieza que acompaña, protege y sostiene el linaje Alippi García en movimiento.

La Taunus forma parte del hábito porque encarna tres cosas:
la historia, la presencia y la independencia.
Es el objeto ritual que me acompaña en la calle, en la noche, en la ruta, en la vida adulta.
Su estética clásica, su luz en la oscuridad y su nombre en el frente la convierten en un talismán mecánico, un amuleto de camino.

La imagen que acompaña esta sección es su óleo:
la Taunus avanzando en la ruta, con sus luces encendidas y su figura firme, como si fuera un animal nocturno del linaje.
Es el retrato perfecto del amuleto mayor del hábito Pelaberri.









Entrada: El Hábito Pelaberri


¡¡¡Carajos!!! ¿Algún día aprenderé a sacarme buenas selfies?

Hay decisiones estéticas que no son estéticas: son decisiones de hábito.

No se toman para verse distinto, sino para ser distinto.
Hoy fijé uno de esos gestos que, sin quererlo, se vuelven rito.

Hasta hace unas horas llevaba el pelo largo, ese largo que acompaña la introspección, la noche, el silencio. Pero fui a pelarme. Máquina N°4 arriba, N°2 en la chiva, y al verme en el espejo entendí que no era solo un corte: era una forma. Una forma que pide nombre, porque lo que se nombra se vuelve hábito, y lo que se vuelve hábito sostiene la identidad.

Probé dos palabras: Rapadeli y Pelaberri.
La primera es simpática, urbana, casi un guiño.
La segunda… la segunda tiene peso de linaje. Suena a apellido de orden laico, a gesto monástico inventado por uno mismo, a estética ritual que se integra con mi negro, mi cuello mao, mis uñas, mis botas, mi barba candado.

Por eso lo fijé así:

Pelaberri es el hábito.
Rapadeli es el corte técnico.

Pelaberri es la decisión espiritual; Rapadeli es la ejecución práctica.
Pelaberri es la forma que sostiene; Rapadeli es la máquina que pasa.
Pelaberri es el nombre que queda.

Y sí, me dio gracia. Me dio carcajada.
Porque a veces lo más serio de uno aparece envuelto en humor, y ahí es donde se vuelve verdadero.



lunes, 10 de agosto de 2026

Sobre la Zona de Confort como Meta Existencial


Que no sean pavos los que hablan sin conocer mi historia. Este coaching motivacional me lo tragaba desde 2009 cuando los pavos estos ni siquiera sabían que existía el coaching y me llevo a vivir mínimo 4 vidas super intensas antes de decidir llegar a buen puerto y plantar bandera de paz, amor y confort saludable total 

 (Ensayo para el blog de Leandro Alippi García)

Por Leandro Alippi García, con intervención de Copilot @

I. La sospecha sobre la palabra “confort”

La cultura contemporánea ha convertido la expresión zona de confort en un estigma.
Como si la comodidad fuera un pecado.
Como si la estabilidad fuera una renuncia.
Como si permanecer en un estado de paz equivaliera a una forma de muerte espiritual.

Pero esa lectura no es inocente: es hija de una ideología que exige movimiento perpetuo, expansión constante, transformación sin descanso. Una ideología que no tolera la quietud porque la quietud no consume productos, no compra cursos, no se inscribe en talleres de “desarrollo personal”.

La New Age y el coaching motivacional han hecho de la incomodidad un dogma.
Y de la estabilidad, un enemigo.

II. La zona de confort como obra

En mi caso, la llamada “zona de confort” no es un sillón donde me tiré a dormir.
Es una obra.

Una obra que me llevó décadas.
Una obra hecha de pérdidas, reconstrucciones, marchas en solitario, vínculos intensos, rupturas necesarias, aprendizajes dolorosos y decisiones que no siempre fueron celebradas por los demás.

Mi estabilidad actual no es un accidente.
Es una arquitectura.

Y como toda arquitectura, tiene cimientos, proporciones, límites y una estética propia.
No es un refugio infantil: es un sistema adulto.

Por eso, cuando alguien me dice que “debería salir de mi zona de confort”, lo que escucho no es un consejo.
Lo que escucho es una invitación a demoler mi casa para cumplir con un mandato ajeno.

III. La ideología del movimiento perpetuo

La sospecha que tengo —y que hoy se vuelve más clara— es que la exigencia de abandonar la estabilidad no nace de la sabiduría, sino del mercado espiritual.

La New Age, con su retórica de “evolución constante”, necesita que uno nunca esté completo.
El coaching, con su obsesión por “romper límites”, necesita que uno siempre se sienta insuficiente.
La autoayuda, con su promesa de “transformación”, necesita que uno viva en crisis para vender soluciones.

Es una maquinaria que patologiza la serenidad.
Una maquinaria que convierte la vida en una carrera sin meta.

Yo no adhiero a esa maquinaria.

IV. La legitimidad de quedarse donde uno está

La pregunta que me hice hoy es simple y radical:

Si mi zona de confort fue una meta que me costó tantísimos años lograr,
¿por qué sería obligatorio abandonarla?

La respuesta es igual de simple:

No lo es.

La estabilidad es legítima.
La paz es legítima.
La repetición es legítima.
La rutina es legítima.
La permanencia es legítima.

No todo movimiento es crecimiento.
No toda quietud es estancamiento.

Hay vidas que se expanden hacia afuera.
Y hay vidas que se profundizan hacia adentro.

La mía pertenece a la segunda categoría.

V. Intervención de Copilot @

Lean, lo que estás diciendo acá no es un rechazo al cambio.
Es un rechazo al cambio impuesto.

Tu estabilidad no es miedo: es madurez.
Tu estructura no es encierro: es obra.
Tu permanencia no es renuncia: es elección.

La zona de confort no es un lugar donde te escondés.
Es un lugar que construiste para poder existir sin desbordarte.

Y es legítimo defenderlo.

VI. Cierre

No sé si permaneceré aquí para siempre.
No sé si algún día aparecerá un llamado que me saque de esta arquitectura.

Pero si eso ocurre, será por una fuerza genuina, no por un mandato ideológico.

Mientras tanto, reivindico mi zona de confort como lo que realmente es:
una conquista.




martes, 4 de agosto de 2026

La presiento como la 4ta mujer!!!


Siete meses después de mi separación, fui conociendo mujeres que quedaron como amigas.

Incompatibilidades, ritmos distintos, energías que se iban drenando sin culpa pero sin futuro.
Fueron parte del camino, parte del reajuste, parte de entender qué no quería repetir.

Hasta que apareció María José.

Con ella no hubo desgaste, ni ruido, ni esa sensación de estar sosteniendo algo que no se sostiene.
Fue presencia, claridad, una calma que no exige y una alegría que no pide permiso.
Me encontró creyente en el amor, pero sin urgencias.
Y aun así, despertó algo que creí que iba a tardar más en volver.

Tengo el presentimiento —y lo digo con la serenidad que da la experiencia—
de que ella es esa “cuarta mujer” de la que habló Coelho:
la que no se busca, la que simplemente se reconoce.
La que no idealiza, pero acompaña desde la verdad.
La que no promete, pero está.

Hoy, en este tramo de mi biografía, siento que volvió a encenderse algo esencial.
Y lo celebro.

Nota del día 11 de agosto: Luego de 6 días de noviazgo, mi ser dijo basta pues no está dispuesto a acompañar a una mujer tan vulnerable, dado que cuanto mucho puedo cargar mi propia vulnerabilidad y ya estoy grande para obras de salvataje. Por eso ayer lunes al medio día la corté y estoy ahora de reposo y con una profunda tristeza dentro de mí por las ilusiones de ella y mías que no se cumplirán. El presentimiento de la cuarta mujer falló. Amén.



jueves, 16 de julio de 2026

El post que debía salir anoche -partido Argentina vs. Inglaterra-

 


Anoche escribí algo que no llegué a publicar.
Lo compartí en el grupo de escritores latinos donde me conocen como Dr. Leandro Alippi García, también llamado El escritor espontáneo.
Pero la alegría del partido —esa victoria que nos sacudió a todos— me hizo olvidarme por completo de subirlo a mi biografía.

Lo recupero ahora, ya con la algarabía bajada, para que quede registrado en este espacio que también es parte de mi vida.

22:57 hs, Córdoba, Argentina.
La noche en que le ganamos a Inglaterra.
La euforia ya mermada, yo acostado en mi tatami, entregándome de a poco al sueño y esperando el mensaje de mi amiga de cábalas. Esa compañera silenciosa de cada partido: cada uno en su casa, solos, pero unidos por el chat.

Su ansiedad fue tan grande que le apretó el pecho.
Tuvo que dejar de mirar el partido y, como ya le pasó contra Egipto, se fue al gimnasio en el segundo tiempo. Ahí se repuso, y nuestras cábalas —esas pequeñas ceremonias privadas— volvieron a funcionar.

Yo sostuve la mía: escuchar mi intuición.
Vaticinar el resultado.
Y como en otros partidos de este mundial, acerté con una precisión que me sorprende incluso a mí.

Ahora queda el domingo.
La final.
Y un pacto: si ganamos, nos conoceremos en persona para celebrar.
Lo curioso es que no lo vivo como una posibilidad: lo intuyo.
Lo siento con la misma claridad con la que sentí el resultado de ayer.
Nos vamos a conocer.

Dr. Leandro Alippi García
El escritor espontáneo



lunes, 13 de julio de 2026

El día en que las luces del tablero decidieron por mí


Hay decisiones que parecen menores, casi domésticas, pero que en realidad revelan cómo uno se relaciona con sus objetos, con sus tiempos y con la forma en que desea que las cosas encajen en el mundo.
La Taunus, por ejemplo, nunca fue solo un auto. Fue siempre un pequeño santuario móvil, un espacio donde cada detalle tiene su color, su ritmo y su historia.

Hace unos meses, después de años de espera, finalmente un electricista instaló el tablero nuevo. Sus luces naranjas encendieron una escena que yo venía imaginando desde hacía demasiado tiempo. Ese naranja cálido, casi retro, casi analógico, parecía decir: “Ahora sí, estamos completos.”
Pero no estábamos completos. El estéreo seguía siendo el viejo, el azulito. Ese azul frío que yo había logrado reparar con mis manos y que, por eso mismo, tenía un valor afectivo que no se compra ni se instala: se gana.

El azul del estéreo y el naranja del tablero convivían en una especie de pacto cromático accidental. No era lo que yo soñaba, pero tampoco molestaba. Era como esas cosas que uno acepta porque ya están ahí, porque funcionan, porque tienen historia.

Hasta que ayer Ely me contó que se había ganado un estéreo.
Me mostró la foto de la caja: las luces eran rojas o naranjas.
Me lo ofreció a bajo costo, en tres cuotas sin interés.
Y yo, sin pensarlo demasiado, decidí comprárselo.

La decisión de comprarlo fue inmediata.
La decisión de instalarlo, no.

Porque ahí apareció la pregunta que siempre aparece en mi vida:
¿Lo hago ahora o espero el momento exacto?

Averigüé el precio de la instalación: alrededor de $45.000.

Un número que en julio me incomoda, pero que en agosto me resulta casi amable.
Y además, los de Car Audio lo prueban gratis en el banco: puedo ver con mis propios ojos si las luces son realmente naranjas, si ese nuevo estéreo pertenece al interior de La Taunus o si es apenas un objeto más.

La verdad es que no quiero instalar nada que no armonice con el tablero.
No quiero romper el pequeño equilibrio que ya existe.
No quiero jubilar al azulito antes de tiempo si no es para reemplazarlo por algo que realmente complete la escena.

Así que la decisión final es simple, casi ceremonial:

Primero ver el color.
Después esperar agosto.
Y recién ahí, si el naranja es el naranja correcto, cerrar el círculo.

Mientras tanto, el estéreo azul seguirá cumpliendo su ciclo, como una pieza que sabe que su final no es un descarte sino una transición.
Y yo seguiré manejando La Taunus con esa mezcla de nostalgia y expectativa que siempre me acompaña cuando una luz, un sonido o un detalle mecánico se alinean con la historia que quiero contar.

martes, 7 de julio de 2026

🌒 Homenaje a Cristina

Por un breve tiempo, la vida me llevó a convivir con Cristina y sus hijas, esas joyitas que brillaban con su propio fuego.

En su casa, entre risas, silencios y rutinas nuevas, conocí una forma distinta de calor humano: el de quien abre su puerta sin cálculo, el de quien comparte su mundo como quien ofrece pan recién hecho.

Cristina fue fogosa, capricorniana, intensa en su modo de estar y de querer.
Su energía no pedía permiso: se desplegaba como llama que ilumina y consume a la vez.
En ese tiempo, me convidó su vitalidad, su manera de hacer del día una escena viva, su impulso de sostener y desafiar.

Pero mi amor por Analía —esa raíz más profunda, más antigua— me llamó de regreso.
Y al volver, perdí a Cristina para siempre.
No como se pierde un objeto, sino como se pierde un instante que no puede repetirse.

Hoy, desde la distancia, le mando un abrazo simbólico, un gesto de gratitud por lo que me ofreció de su vida y de su fuego.
Porque cada encuentro deja una huella, y cada despedida marca el contorno de lo que somos.

Cristina, gracias por tu fogosidad, por tu casa, por tu tiempo compartido.
Tu presencia fue breve, pero su calor sigue encendido en la memoria.



 

lunes, 29 de junio de 2026

Relato — La casa de Daniela como microcosmos

 


La casa de Daniela no es una casa: es un organismo vivo. Respira, se expande, se contrae. A veces parece demasiado chica para tantas vidas, pero en realidad es el tamaño exacto de la necesidad. Diez personas, cuatro generaciones, un solo techo que funciona como paraguas contra todo lo que afuera se vuelve incierto.

La mesa ocupa el centro como si fuera un altar doméstico. Sobre ella se acumulan botellas, objetos, restos de la última comida, cosas que no se sabe si están ahí por azar o porque alguien las va a necesitar en cualquier momento. En las casas donde la vida es intensa, los objetos no se ordenan: se quedan.

La luz entra sin pedir permiso, y revela paredes sin terminar, pisos que cuentan historias de arreglos hechos con lo que había a mano. No es descuido: es economía de supervivencia, donde cada mejora se hace cuando aparece el dinero, el tiempo o el ánimo. A veces pasan años entre una cosa y otra, pero la casa sigue funcionando porque la gente que la habita aprendió a vivir en modo taller permanente.

En un rincón, un niño observa todo como si la casa fuera un mundo completo. Para él, lo es. Los chicos en estas casas aprenden temprano a leer los gestos a saber, cuándo hablar, cuándo callar, cuándo correr, cuándo quedarse cerca de la abuela o la bisabuela. La socialización no viene de libros: viene de la densidad humana.

La escalera, con su mezcla de madera y metal, parece improvisada, pero sostiene el tránsito diario de la familia. Es un símbolo perfecto: lo precario que funciona. En antropología, esto se llama “soluciones locales”: estructuras que no cumplen con la estética de la clase media, pero sí con la lógica de la vida real.

Los adultos se mueven como si fueran piezas de un engranaje. Cada uno tiene un rol, aunque nadie lo haya escrito. La bisabuela cuida a todos, la abuela, a los de su rama, la madre organiza, el tío trae algo, el hermano mayor resuelve lo urgente, el vecino entra y sale como si fuera parte del inventario humano. En estas casas, la frontera entre familia y comunidad es porosa: la casa es un nodo social.

La convivencia de cuatro generaciones produce una mezcla rara de tensiones y ternura. Hay discusiones que se oyen desde la calle, pero también abrazos que no se ven en ningún otro lugar. La intimidad es colectiva. La privacidad es un lujo. La vida es compartida porque no hay otra forma de sostenerla.

Y sin embargo, en medio de todo, hay una belleza que no aparece en las revistas de decoración: la belleza de lo vivido, de lo real, de lo que se sostiene con afecto, trabajo y resistencia. La casa de Daniela es un mapa de la Argentina que no sale en los diarios: la Argentina que se organiza como puede, que inventa soluciones, que se apoya en la familia porque el Estado llega tarde o no llega.

Es una casa que no pide permiso para existir.
Es una casa que aguanta.
Es una casa que cuida.
Es una casa que narra.

Y al verla, no estás mirando paredes: estás mirando una forma de vida.



miércoles, 17 de junio de 2026

⭐ EL DUETO -Daniela Lean-

Un texto para Daniela

🎩 1. Sobre su modo de vestirse

Usted vístase como más le guste, Daniela.
A mí me gusta cómo se viste.
Y la voy a llevar a mis lugares como usted se vista,
y usted me va a ir mostrando su Calera como usted se vista.

🎁 2. El gesto del look compartido

Aun así, me gustaría regalarle un solo look para invierno y media estación.
No para uniformarnos, no para corregirla, no para imponer nada.

Solo para que, cada tanto, andemos como un dueto,
sin perder la individualidad cada uno.

Qué le parece.
El dueto, para de vez en cuando.
Y usted misma podría decir esos “cuando”.

Ajjajajaj, me hace reír.
Ni Batman ni Robin.
Ya voy a encontrar el dueto que tengo en mente.

🎼 3. No es un dúo infantil: es un dueto adulto

Lo que tengo en mente no es un dúo de historieta.
Es un dueto adulto, de esos donde cada uno mantiene su identidad
pero juntos generan una armonía propia.

Un dueto donde no hay maestro ni aprendiz.
Donde no hay jerarquías.
Solo dos modos distintos de estar en el mundo
que se potencian cuando coinciden.

Un dueto que se arma sin esfuerzo,
como si la estética de cada uno entendiera a la del otro
sin necesidad de explicaciones.

🎻 4. Modo elegante: Piazzolla & Ferrer

Si lo digo en modo elegante, sería algo así como Piazzolla & Ferrer:
uno pone estructura, el otro pone alma,
y juntos aparece algo que solos no existe.

No es imitación.
No es disfraz.
Es armonía adulta.

☀️🌍 5. Modo simbólico: Sol & Tierra

Si lo digo en modo simbólico, sería un Sol & Tierra:
usted con su calidez terrenal,
yo con mi sombra urbana;
usted con su modo de mirar suave,
yo con mi modo de caminar más templado.

Y cuando se juntan,
no se mezclan:
se espejan.

✒️ 6. Modo poético: su idioma

“Dos presencias que no buscan parecerse,
pero cuando se acercan, el aire se ordena.

Dos colores distintos que no se funden,
pero al lado del otro se vuelven más nítidos.

Un dueto que no necesita escenario,
porque lo lleva puesto.”

😂 7. Modo humorístico: el nuestro

“Ni Batman ni Robin,
porque yo no uso mallas y usted no usa capa.

Somos más bien un dúo de esos que se encuentran en la parada del bondi
y terminan pareciendo portada de revista sin darse cuenta.”

🤝 8. El verdadero sentido del look

El look que quiero regalarle no es para cambiarla,
ni para uniformarnos,
ni para imponer nada.

Es solo para que, cada tanto,
tengamos ese pequeño gesto estético compartido
que hace que dos mundos distintos conversen
sin perder su esencia.

🌟 9. El cierre

Ese es el dueto que tengo en mente.
Y créame: le va a quedar precioso.


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