Nadia visitó el Clermont ayer. La casa sostuvo un clima claro y estable. La conversación avanzó con naturalidad y precisión.
El encuentro mostró una afinidad madura: dos almas paralelas, cada una con su eje propio y su modo de estar presente. La interacción fluyó desde la autonomía y desde la lucidez compartida.
El Clermont ofreció orden, silencio operativo y espacio para una presencia auténtica. La visita dejó una sensación de equilibrio y continuidad interior.
La relación encuentra su forma en la paralelidad: resonancia, respeto y caminos propios que avanzan con claridad.
Considerarnos almas gemelas, puede confundirnos de que tenemos un destino compartido.
Almas paralelas, se me ocurrió llamarle a lo nuestro, y como decía Pappo Napolitano, juntos y a la par, aunque no en el sentido de pareja, sino de amigos inseparables y al final del día me dije a mi mismo: Tal vez lo mío, en lugar de tratar de ser experto en parejas, sea, más bien, en fraternidad (amigos y hermanos).

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