martes, 4 de agosto de 2026

La presiento como la 4ta mujer!!!


Siete meses después de mi separación, fui conociendo mujeres que quedaron como amigas.

Incompatibilidades, ritmos distintos, energías que se iban drenando sin culpa pero sin futuro.
Fueron parte del camino, parte del reajuste, parte de entender qué no quería repetir.

Hasta que apareció María José.

Con ella no hubo desgaste, ni ruido, ni esa sensación de estar sosteniendo algo que no se sostiene.
Fue presencia, claridad, una calma que no exige y una alegría que no pide permiso.
Me encontró creyente en el amor, pero sin urgencias.
Y aun así, despertó algo que creí que iba a tardar más en volver.

Tengo el presentimiento —y lo digo con la serenidad que da la experiencia—
de que ella es esa “cuarta mujer” de la que habló Coelho:
la que no se busca, la que simplemente se reconoce.
La que no idealiza, pero acompaña desde la verdad.
La que no promete, pero está.

Hoy, en este tramo de mi biografía, siento que volvió a encenderse algo esencial.
Y lo celebro.



jueves, 23 de julio de 2026

Mis ocho laborterapias: cómo sostengo mi vida desde el hacer

 


Hay personas que se sostienen en rutinas. Otras, en vínculos. Yo me sostengo en laborterapias: dispositivos de trabajo, de acción, de continuidad. No son hobbies. No son pasatiempos. Son mis ocho maneras de no caer, de no detenerme, de no perderme.

🚗 1. Restauración de La Taunus

La Taunus es mi taller mecánico interior.
No es un auto: es un proyecto de continuidad.
Cada pieza que reviso, cada arreglo que planifico, cada pausa obligligada —como la del embrague— me recuerda que la vida también se sostiene en la espera.
La restauración es mi forma de volver a tener agencia.

✍️ 2. Escritura de mis blogs

Mi escritura testimonial es mi laboratorio de conciencia.
No escribo para publicar: publico para no traicionarme.
El blog es mi espacio de verdad sin maquillaje, donde la pena se vuelve forma y la forma me devuelve dignidad.
Es mi taller de pensamiento y mi archivo emocional.

📊 3. Mi labor de ecónomo personal

Mi contabilidad doméstica es una ética.
Ser ecónomo no es administrar plata: es gobernar mi propio monasterio.
Vigilo el flujo, anticipo riesgos, sostengo la estructura y evito el caos.
Es una práctica espiritual disfrazada de Excel.

🗣️ 4. Mi labor de cotertuliano semipresencial

Soy parte de una comunidad de conversación que vive en dos planos:

Cotertuliano semipresencial, en mi caso, significa:

  • Presencial: cafés, sobremesas, visitas, encuentros reales.

  • Remoto: continuidad afectiva y reflexiva por WhatsApp, audios, textos y microtertulias digitales.

La semipresencialidad no reemplaza la mesa: la extiende.
La conversación sigue viva aunque yo no esté físicamente ahí.

📚 5. Taller de Escritura (Museo Pedroni, La Calera)

El taller es mi gimnasio técnico.
Está ubicado dentro del Museo Pedroni de La Calera, y yo participo por Meet, salvo alguna presencia ocasional cuando puedo acercarme.
Ahí la palabra deja de ser catarsis y se vuelve herramienta.
Me ordena, me exige, me corrige y me devuelve disciplina.
Es el espacio donde escribo para el oficio, no para mí.

♟️ 6. Ajedrez esporádico (Paseo del Ajedrecista / Pasaje Santa Catalina)

Mi ajedrez no es competitivo: es meditativo.
Lo practico en el Paseo del Ajedrecista o en el Pasaje Santa Catalina, al costado de la Catedral, cuando mis recorridos me llevan por esa zona.
Es cálculo, silencio y estructura.
Una gimnasia mental que aparece cuando la necesito y desaparece cuando ya cumplió su función.
Me permite volver a la cabeza sin caer en la rumiación.

🎧 7. Melómano

La música es mi respiración estética.
No es entretenimiento: es regulación emocional.
Mi escucha profunda —del deep house a Victor Heredia— ordena mi ánimo, modula mi energía y sostiene mis jornadas.
La música es mi clima interior.

🏃‍♂️ 8. Actividad física (la laborterapia largamente demorada)

Durante años la postergué.
La actividad física era una deuda conmigo mismo, un pendiente que siempre quedaba para “más adelante”.
Pero desde hace poquito tiempo, algo se destrabó: el cuerpo empezó a pedir su lugar.

Moverme, caminar, entrenar, activar el cuerpo debe dejar de ser un castigo y empezar a ser un modo de estar vivo.
Una laborterapia nueva, inesperada, largamente demorada… y que finalmente debe hacerse presente.
Un espacio donde la energía se ordene y la mente se aquiete.

Cierre

Estas ocho laborterapias no me “curan”.
No prometen nada, no solucionan nada, no salvan nada.
Pero me sostienen.
Son mis dispositivos de continuidad, mis formas de estar en marcha, mis pequeñas arquitecturas de estabilidad.



martes, 21 de julio de 2026

El Día del Amigo en que ella me eligió y yo volví a elegirme

Me desperté tarde, con esa pesadez que no es solo física: es una mezcla de cabeza y pecho, como si el día ya viniera cansado antes de empezar. Día del Amigo. Una fecha que durante años fue mesas largas, risas, sobremesas, movimiento. Hoy, apenas algunos mensajes sueltos. Una pena mansa, de esas que se instalan sin pedir permiso.

Pero la tarde cambió.

Cerca de las 18 hs, ella —mi amiga médica— tomó la iniciativa. Me llamó recién salida del gym y me invitó a vernos en Villa Arias, frente al Parque de las Naciones. Fui en mi Taunus, ella en su Hyundai nuevo. Dos autos distintos, dos vidas que por fin se encontraban de verdad.

En Villa Arias no había mesas, así que cada cual volvió a su auto y nos movimos a Momo, sobre la misma calle. Comimos rico, tomamos cafés dobles, y el anochecer se nos fue metiendo en la conversación. En un momento, entre risas y silencios cómodos, ella me dijo algo que no esperaba:
“Con vos me siento muy cómoda.”
Ese comentario abrió una puerta que yo no sabía que estaba ahí.

Cuando cerraron el local —porque es panadería bar, no nocturno— salimos a caminar. Casi dos vueltas al parque, sin prisa, sin objetivo, solo el ritmo de dos personas que se sienten bien juntas.

En un momento la abracé.
Y quise darle un beso en la mejilla.
Pero trastabillamos.

Ella creyó que nos caíamos; yo sentí un bochorno suave, humano. Recuperamos el equilibrio y le di el beso igual, en la mejilla. No hubo incomodidad: hubo verdad.

Mientras caminábamos, me contó algo que no le había dicho a nadie: en plena pandemia, ella y otra profesional de la salud se juntaron clandestinamente en ese mismo parque para darse un abrazo prohibido. Un gesto mínimo, pero cargado de necesidad y tristeza. Desde entonces casi no vuelve a caminar allí.
Que me lo haya contado a mí, ahí, en ese anochecer, fue un acto de confianza profunda.

Le dije que podíamos ir juntos a caminar, con mate en la mochila.
Se prendió enseguida.
Sin cálculo. Sin duda.

Ese mismo día, además, tomé una decisión importante sobre mí.
La Quetiapina, que me habían prescripto como s.o.s., venía generándome un efecto mayor al esperado: demasiado sueño, y esas microdepresiones matutinas que me dejaban apagado. Como mi médico no está pudiendo atenderme por falta de turnos, decidí —con responsabilidad y observación— bajar la dosis a la mitad: de 50 mg a 25 mg.

La noche fue perfecta.
Dormí de corrido.
Y hoy, a las 8, me desperté contento.
Sin microdepresión.
Con claridad.
Con ganas.

Para mí, eso fue mayúsculo.

Y cuando volví a casa después de verla, me encontré diciéndome algo que no esperaba:

“A mi Taunus no la dono ni la vendo. Esta Taunus me da independencia y hombría.”

No era una frase sobre fierros.
Era sobre mí.

Sobre cómo llegué a ese encuentro.
Sobre cómo me moví en mi propio eje.
Sobre cómo me sentí varón sin pedir disculpas.
Sobre cómo, después de ajustar la medicación, pude estar presente de verdad.

La Taunus, con todas sus mañas, con todo su costo, con toda su historia, sigue siendo parte de mi identidad. Y después de una tarde así, no podía pensar en desprenderme de ella.

Quizás esta pena del Día del Amigo no fue pena.
Quizás fue una señal.
Una tarde que abrió una puerta.
Una caminata que dejó algo latiendo.
Un despertar distinto.
Una historia que recién empieza a escribirse.




sábado, 18 de julio de 2026

Más sobre mi amiga médica


(versión resumida, discreta y con dinámica 7–9)

En estos días estuve conversando con una amiga médica. No, la voy a nombrar ni describir más de lo necesario: este espacio es para registrar mis propios procesos, no para exponer a nadie. Lo que quiero dejar asentado es algo simple: a veces uno cree entender rápido a las personas y después descubre que la historia recién empieza a tomar forma.

Lo que estoy viendo ahora es una presencia tranquila, afectiva sin exagerar, con humor suave y una manera de acompañar que no invade. Nada que ver con la distancia intelectual que yo había supuesto en un primer momento. Su estilo es más sereno, más armónico, más cercano a esa sensibilidad del eneatipo 9: calma, escucha, ritmo propio, cero dramatismo.

Y ahí aparece algo interesante para mí como eneatipo 7. La dinámica entre un 7 y un 9 es curiosa: el 7 trae chispa, movimiento, ideas; el 9 aporta paz, contención y una forma de estar que baja la velocidad sin apagarla. El 7 abre puertas; el 9 las vuelve habitables. Esa combinación genera un diálogo amable, sin prisa, sin exigencias, donde cada uno regula al otro sin darse cuenta.

También hay un detalle astrológico que me llamó la atención. Ella es escorpiana: profundidad silenciosa, intuición, reserva. Yo soy ariano con ascendente en Piscis: impulso mezclado con sensibilidad. Fuego y agua. Intensidad y calma. Dos ritmos que, sin buscar definiciones, se acomodan de manera natural.

No sé qué lugar ocupará esta amistad en mi biografía. No necesito saberlo ahora. Solo quiero dejar registrado que estoy aprendiendo a mirar con más paciencia, sin proyectar viejos moldes sobre personas nuevas. A veces la vida no irrumpe: simplemente se acomoda. Y eso, para mí, ya es suficiente.

jueves, 16 de julio de 2026

El post que debía salir anoche -partido Argentina vs. Inglaterra-

 


Anoche escribí algo que no llegué a publicar.
Lo compartí en el grupo de escritores latinos donde me conocen como Dr. Leandro Alippi García, también llamado El escritor espontáneo.
Pero la alegría del partido —esa victoria que nos sacudió a todos— me hizo olvidarme por completo de subirlo a mi biografía.

Lo recupero ahora, ya con la algarabía bajada, para que quede registrado en este espacio que también es parte de mi vida.

22:57 hs, Córdoba, Argentina.
La noche en que le ganamos a Inglaterra.
La euforia ya mermada, yo acostado en mi tatami, entregándome de a poco al sueño y esperando el mensaje de mi amiga de cábalas. Esa compañera silenciosa de cada partido: cada uno en su casa, solos, pero unidos por el chat.

Su ansiedad fue tan grande que le apretó el pecho.
Tuvo que dejar de mirar el partido y, como ya le pasó contra Egipto, se fue al gimnasio en el segundo tiempo. Ahí se repuso, y nuestras cábalas —esas pequeñas ceremonias privadas— volvieron a funcionar.

Yo sostuve la mía: escuchar mi intuición.
Vaticinar el resultado.
Y como en otros partidos de este mundial, acerté con una precisión que me sorprende incluso a mí.

Ahora queda el domingo.
La final.
Y un pacto: si ganamos, nos conoceremos en persona para celebrar.
Lo curioso es que no lo vivo como una posibilidad: lo intuyo.
Lo siento con la misma claridad con la que sentí el resultado de ayer.
Nos vamos a conocer.

Dr. Leandro Alippi García
El escritor espontáneo



lunes, 13 de julio de 2026

El día en que las luces del tablero decidieron por mí


Hay decisiones que parecen menores, casi domésticas, pero que en realidad revelan cómo uno se relaciona con sus objetos, con sus tiempos y con la forma en que desea que las cosas encajen en el mundo.
La Taunus, por ejemplo, nunca fue solo un auto. Fue siempre un pequeño santuario móvil, un espacio donde cada detalle tiene su color, su ritmo y su historia.

Hace unos meses, después de años de espera, finalmente un electricista instaló el tablero nuevo. Sus luces naranjas encendieron una escena que yo venía imaginando desde hacía demasiado tiempo. Ese naranja cálido, casi retro, casi analógico, parecía decir: “Ahora sí, estamos completos.”
Pero no estábamos completos. El estéreo seguía siendo el viejo, el azulito. Ese azul frío que yo había logrado reparar con mis manos y que, por eso mismo, tenía un valor afectivo que no se compra ni se instala: se gana.

El azul del estéreo y el naranja del tablero convivían en una especie de pacto cromático accidental. No era lo que yo soñaba, pero tampoco molestaba. Era como esas cosas que uno acepta porque ya están ahí, porque funcionan, porque tienen historia.

Hasta que ayer Ely me contó que se había ganado un estéreo.
Me mostró la foto de la caja: las luces eran rojas o naranjas.
Me lo ofreció a bajo costo, en tres cuotas sin interés.
Y yo, sin pensarlo demasiado, decidí comprárselo.

La decisión de comprarlo fue inmediata.
La decisión de instalarlo, no.

Porque ahí apareció la pregunta que siempre aparece en mi vida:
¿Lo hago ahora o espero el momento exacto?

Averigüé el precio de la instalación: alrededor de $45.000.

Un número que en julio me incomoda, pero que en agosto me resulta casi amable.
Y además, los de Car Audio lo prueban gratis en el banco: puedo ver con mis propios ojos si las luces son realmente naranjas, si ese nuevo estéreo pertenece al interior de La Taunus o si es apenas un objeto más.

La verdad es que no quiero instalar nada que no armonice con el tablero.
No quiero romper el pequeño equilibrio que ya existe.
No quiero jubilar al azulito antes de tiempo si no es para reemplazarlo por algo que realmente complete la escena.

Así que la decisión final es simple, casi ceremonial:

Primero ver el color.
Después esperar agosto.
Y recién ahí, si el naranja es el naranja correcto, cerrar el círculo.

Mientras tanto, el estéreo azul seguirá cumpliendo su ciclo, como una pieza que sabe que su final no es un descarte sino una transición.
Y yo seguiré manejando La Taunus con esa mezcla de nostalgia y expectativa que siempre me acompaña cuando una luz, un sonido o un detalle mecánico se alinean con la historia que quiero contar.

domingo, 12 de julio de 2026

Abrazo de bienvenida a mi vida de mi nueva amiga médica

Hay personas que no irrumpen en la vida, sino que aparecen con una suavidad que desarma. Mi amiga médica generalista y esteticista es así. Lo primero que me llamó la atención fue su voz: dulce, joven, casi luminosa, una voz que no coincide con la dureza del camino que recorrió ni con la intensidad silenciosa que lleva adentro. Esa mezcla me intrigó desde el primer momento.

La he visto sostener una carrera exigente: años de estudio, especialización, guardias insalubres, una maestría que continúa con disciplina. Y, sin embargo, detrás de todo ese rigor académico hay una delicadeza personal que no es común. Durante mucho tiempo su cuerpo pagó el precio de la vocación: la columna resentida, el sueño roto, el desgaste de las guardias de 24 horas. Supo detenerse. Supo decir “hasta acá”. Encontró en el gimnasio una forma de reparar lo que la medicina le había exigido, y en sus domingos de spa un ritual íntimo de autocuidado que la devuelve a sí misma. No es vanidad: es inteligencia emocional aplicada al cuerpo.

Su personalidad es compleja en el mejor sentido. No es mandona, no es dominante, no ocupa el espacio desde la fuerza. Se mueve desde otro lugar: introspectiva, analítica, reservada. Tiene la profundidad de quienes piensan antes de hablar y sienten antes de mostrarse. Hay algo en ella que siempre me remitió a los eneatipos más reflexivos. Mi intuición —que rara vez me falla— la reconoció desde el primer momento como una mujer de la familia del eneatipo 5, pero no del 5 rígido y distante, sino del 5 que se mezcla con la sensibilidad del 4: ese que combina conocimiento con estética, introspección con dulzura, profundidad con una voz que acaricia.

Es escorpiana en el sentido más noble del signo: intensa sin estridencias, profunda sin dramatismos, fuerte sin necesidad de demostrarlo. Una mujer que se reconstruyó a sí misma, que sabe retirarse cuando algo la daña, que elige su salud, su descanso y su camino con una mezcla de racionalidad y delicadeza. Una profesional brillante y una persona que guarda en su interior una calma que no es pasividad, sino sabiduría.

La vida a veces nos cruza con personas que no vienen a ocupar un rol, sino a mostrar una forma de estar en el mundo. Ella es una de esas presencias: una mujer que trabaja con cuerpos, pero que entiende el alma; que estudia la ciencia, pero respira sensibilidad; que se mueve con suavidad, pero tiene una fuerza interna que no necesita anunciarse. Una amiga que honra su propio camino y que, sin proponérselo, inspira a quienes la rodean a hacer lo mismo.



martes, 7 de julio de 2026

🌒 Homenaje a Cristina

Por un breve tiempo, la vida me llevó a convivir con Cristina y sus hijas, esas joyitas que brillaban con su propio fuego.

En su casa, entre risas, silencios y rutinas nuevas, conocí una forma distinta de calor humano: el de quien abre su puerta sin cálculo, el de quien comparte su mundo como quien ofrece pan recién hecho.

Cristina fue fogosa, capricorniana, intensa en su modo de estar y de querer.
Su energía no pedía permiso: se desplegaba como llama que ilumina y consume a la vez.
En ese tiempo, me convidó su vitalidad, su manera de hacer del día una escena viva, su impulso de sostener y desafiar.

Pero mi amor por Analía —esa raíz más profunda, más antigua— me llamó de regreso.
Y al volver, perdí a Cristina para siempre.
No como se pierde un objeto, sino como se pierde un instante que no puede repetirse.

Hoy, desde la distancia, le mando un abrazo simbólico, un gesto de gratitud por lo que me ofreció de su vida y de su fuego.
Porque cada encuentro deja una huella, y cada despedida marca el contorno de lo que somos.

Cristina, gracias por tu fogosidad, por tu casa, por tu tiempo compartido.
Tu presencia fue breve, pero su calor sigue encendido en la memoria.



 

lunes, 29 de junio de 2026

Relato — La casa de Daniela como microcosmos

 


La casa de Daniela no es una casa: es un organismo vivo. Respira, se expande, se contrae. A veces parece demasiado chica para tantas vidas, pero en realidad es el tamaño exacto de la necesidad. Diez personas, cuatro generaciones, un solo techo que funciona como paraguas contra todo lo que afuera se vuelve incierto.

La mesa ocupa el centro como si fuera un altar doméstico. Sobre ella se acumulan botellas, objetos, restos de la última comida, cosas que no se sabe si están ahí por azar o porque alguien las va a necesitar en cualquier momento. En las casas donde la vida es intensa, los objetos no se ordenan: se quedan.

La luz entra sin pedir permiso, y revela paredes sin terminar, pisos que cuentan historias de arreglos hechos con lo que había a mano. No es descuido: es economía de supervivencia, donde cada mejora se hace cuando aparece el dinero, el tiempo o el ánimo. A veces pasan años entre una cosa y otra, pero la casa sigue funcionando porque la gente que la habita aprendió a vivir en modo taller permanente.

En un rincón, un niño observa todo como si la casa fuera un mundo completo. Para él, lo es. Los chicos en estas casas aprenden temprano a leer los gestos a saber, cuándo hablar, cuándo callar, cuándo correr, cuándo quedarse cerca de la abuela o la bisabuela. La socialización no viene de libros: viene de la densidad humana.

La escalera, con su mezcla de madera y metal, parece improvisada, pero sostiene el tránsito diario de la familia. Es un símbolo perfecto: lo precario que funciona. En antropología, esto se llama “soluciones locales”: estructuras que no cumplen con la estética de la clase media, pero sí con la lógica de la vida real.

Los adultos se mueven como si fueran piezas de un engranaje. Cada uno tiene un rol, aunque nadie lo haya escrito. La bisabuela cuida a todos, la abuela, a los de su rama, la madre organiza, el tío trae algo, el hermano mayor resuelve lo urgente, el vecino entra y sale como si fuera parte del inventario humano. En estas casas, la frontera entre familia y comunidad es porosa: la casa es un nodo social.

La convivencia de cuatro generaciones produce una mezcla rara de tensiones y ternura. Hay discusiones que se oyen desde la calle, pero también abrazos que no se ven en ningún otro lugar. La intimidad es colectiva. La privacidad es un lujo. La vida es compartida porque no hay otra forma de sostenerla.

Y sin embargo, en medio de todo, hay una belleza que no aparece en las revistas de decoración: la belleza de lo vivido, de lo real, de lo que se sostiene con afecto, trabajo y resistencia. La casa de Daniela es un mapa de la Argentina que no sale en los diarios: la Argentina que se organiza como puede, que inventa soluciones, que se apoya en la familia porque el Estado llega tarde o no llega.

Es una casa que no pide permiso para existir.
Es una casa que aguanta.
Es una casa que cuida.
Es una casa que narra.

Y al verla, no estás mirando paredes: estás mirando una forma de vida.



miércoles, 17 de junio de 2026

⭐ EL DUETO -Daniela Lean-

Un texto para Daniela

🎩 1. Sobre su modo de vestirse

Usted vístase como más le guste, Daniela.
A mí me gusta cómo se viste.
Y la voy a llevar a mis lugares como usted se vista,
y usted me va a ir mostrando su Calera como usted se vista.

🎁 2. El gesto del look compartido

Aun así, me gustaría regalarle un solo look para invierno y media estación.
No para uniformarnos, no para corregirla, no para imponer nada.

Solo para que, cada tanto, andemos como un dueto,
sin perder la individualidad cada uno.

Qué le parece.
El dueto, para de vez en cuando.
Y usted misma podría decir esos “cuando”.

Ajjajajaj, me hace reír.
Ni Batman ni Robin.
Ya voy a encontrar el dueto que tengo en mente.

🎼 3. No es un dúo infantil: es un dueto adulto

Lo que tengo en mente no es un dúo de historieta.
Es un dueto adulto, de esos donde cada uno mantiene su identidad
pero juntos generan una armonía propia.

Un dueto donde no hay maestro ni aprendiz.
Donde no hay jerarquías.
Solo dos modos distintos de estar en el mundo
que se potencian cuando coinciden.

Un dueto que se arma sin esfuerzo,
como si la estética de cada uno entendiera a la del otro
sin necesidad de explicaciones.

🎻 4. Modo elegante: Piazzolla & Ferrer

Si lo digo en modo elegante, sería algo así como Piazzolla & Ferrer:
uno pone estructura, el otro pone alma,
y juntos aparece algo que solos no existe.

No es imitación.
No es disfraz.
Es armonía adulta.

☀️🌍 5. Modo simbólico: Sol & Tierra

Si lo digo en modo simbólico, sería un Sol & Tierra:
usted con su calidez terrenal,
yo con mi sombra urbana;
usted con su modo de mirar suave,
yo con mi modo de caminar más templado.

Y cuando se juntan,
no se mezclan:
se espejan.

✒️ 6. Modo poético: su idioma

“Dos presencias que no buscan parecerse,
pero cuando se acercan, el aire se ordena.

Dos colores distintos que no se funden,
pero al lado del otro se vuelven más nítidos.

Un dueto que no necesita escenario,
porque lo lleva puesto.”

😂 7. Modo humorístico: el nuestro

“Ni Batman ni Robin,
porque yo no uso mallas y usted no usa capa.

Somos más bien un dúo de esos que se encuentran en la parada del bondi
y terminan pareciendo portada de revista sin darse cuenta.”

🤝 8. El verdadero sentido del look

El look que quiero regalarle no es para cambiarla,
ni para uniformarnos,
ni para imponer nada.

Es solo para que, cada tanto,
tengamos ese pequeño gesto estético compartido
que hace que dos mundos distintos conversen
sin perder su esencia.

🌟 9. El cierre

Ese es el dueto que tengo en mente.
Y créame: le va a quedar precioso.


jueves, 11 de junio de 2026

Escrito para Valeria, la joven del bar Maria´s



Hoy quiero dejar por escrito algo simple.

La conversación que compartimos me dejó una sensación que hacía tiempo no tenía: una calma viva. No es fácil de explicar, pero fue como si por un rato el mundo bajara el volumen y se pudiera escuchar mejor.

No fue por nada grandioso ni extraordinario.
Fue por la manera en que hablamos: sin apuro, sin máscaras, sin necesidad de demostrar nada.
A veces, cuando dos personas se encuentran en ese registro, algo se acomoda solo.

Me llamó la atención tu forma de estar: tranquila, atenta, sin exageraciones.
Y también tu manera de mirar, que no esquiva ni invade.
Hay algo muy honesto en eso.

Cuando te fuiste, me quedé un momento en silencio.
No era vacío triste, sino espacio.
Como si la charla hubiera abierto una ventana que yo no sabía que seguía ahí.

No escribo esto para pedir nada ni para proyectar nada.
Solo para dejar constancia de que la conversación me hizo bien.
Y que me gustó conocerte así, sin ruido.

Si hoy volvés a tu día con un poco más de aire, me alegro.
A mí me pasó.





martes, 2 de junio de 2026

Biografía. Reseña para Daniela. Los Padres del Desierto, las formas de ermitañez y mi propio estilo de vida

 


1. Quiénes fueron los Padres del Desierto

Los Padres del Desierto fueron los primeros grandes ermitaños cristianos. Surgieron entre los siglos III y IV en Egipto, Siria y Palestina, especialmente en la región de Scetes y la Tebaida. Eran hombres y mujeres que, tras la legalización del cristianismo por Constantino (Edicto de Milán, 313), buscaron una forma radical de vida cristiana basada en la soledad, la oración y la austeridad.

Los dos nombres más importantes son:

  • Pablo de Tebas, considerado el primer ermitaño.

  • Antonio Abad, quien en el año 270–271 se retiró al desierto y se convirtió en el gran referente del monaquismo eremítico.

Su influencia fue enorme: inspiraron el monacato oriental, la Regla de San Benito, el hesicasmo y buena parte de la espiritualidad cristiana posterior.

2. Otros estilos de ermitaños que se desarrollaron

A partir de ellos surgieron varias formas de vida solitaria o semisolitaria:

a) Anacoretas

Eremitas estrictos: vivían solos, en cuevas o celdas, dedicados a la oración y al trabajo manual.

b) Cenobitas

Monjes que vivían en comunidad bajo una regla. San Pacomio fue el primero en organizar este tipo de vida.

c) Estilitas

Ascetas que vivían sobre columnas (como Simeón el Estilita), buscando una forma extrema de separación del mundo.

d) Hesicastas

Monjes orientales dedicados a la oración continua del corazón, herederos directos de la tradición del desierto.

e) Eremitas medievales europeos

Vivían en bosques, montañas o ermitas rurales, muchas veces ligados a parroquias o monasterios.

f) Solitarios ilustrados

En la modernidad surgieron figuras más filosóficas que religiosas: hombres y mujeres que buscaban retiro para escribir, pensar o estudiar.

3. Los ermitaños laicos urbanos de hoy

En el siglo XXI existe un tipo de ermitaño que no vive en el desierto ni en un monasterio, sino en la ciudad. Suelen ser:

  • Profesionales o académicos.

  • Personas que valoran la soledad elegida, no como aislamiento sino como espacio de concentración.

  • Viven en departamentos que funcionan como “celdas urbanas”: orden, silencio, estudio, escritura.

  • Mantienen vínculos, pero no desde la hiperpresencia, sino desde la relación selectiva, profunda y esporádica.

  • Suelen tener rutinas de trabajo intelectual, lectura, escritura, contemplación, ejercicio físico y vida doméstica sobria.

No son religiosos necesariamente. Son laicos que adoptan un estilo de vida contemplativo en medio de la ciudad.

4. Mi caso particular (explicado para Daniela)

Daniela, en mi caso personal, no soy monje ni religioso. Mi estilo de vida es civil, pero tiene afinidades con la tradición de los ermitaños moderados.

Durante muchos años fui un hombre muy sociable, típico eneatipo 7: expansivo, curioso, movedizo, rodeado de gente, siempre en actividad. Pero con el tiempo —y esto es importante— fui integrando mi costado más profundo, más reflexivo, más analítico: el eneatipo 5, el arquetipo del ermitaño intelectual.

Ese proceso me llevó a:

  • Valorar la soledad como espacio de orden y claridad.

  • Vivir en un hogar que funciona como ermita urbana: limpio, ordenado, silencioso, apto para pensar y escribir.

  • Mantener vínculos, pero no desde la demanda ni la hiperfrecuencia, sino desde la relación semipresencial.

¿Qué significa “relaciones semipresenciales”?

Que disfruto mucho de los vínculos, pero en un formato más maduro:

  • encuentros puntuales,

  • conversaciones profundas,

  • intercambios intelectuales,

  • y sobre todo tertulias.

¿Qué es una tertulia?

Una tertulia es un encuentro de conversación —generalmente literaria, filosófica o cultural— donde un grupo reducido de personas dialoga, piensa, comparte ideas y se escucha. No es una reunión social ruidosa: es un espacio de palabra adulta.

Ese es mi modo natural de vincularme hoy: menos multitud, más contenido; menos ruido, más sentido.

En síntesis

No soy un ermitaño religioso.
No soy un aislado.
Soy un hombre civil que eligió un estilo de vida más sobrio, más reflexivo, más ordenado, más selectivo.
Un ermitaño urbano moderado, que valora la soledad pero también las buenas conversaciones y los vínculos que se sostienen desde la libertad.



miércoles, 27 de mayo de 2026

Día 23: La Vara y el Cayado

 


Desde el día 23 —ese número que me sigue, me ordena y me acompaña como el viejo Salmo 23— se abrió una racha de alineación concreta, no metafórica.
Una racha de cosas que por fin empiezan a caer en su lugar.

1. El Aire Inverter: la decisión correcta en el momento justo

Ayer concreté algo que venía postergando por años:
la compra del aire acondicionado inverter, potente, económico y suficiente para todo mi departamento.
Lo compré gracias a la ayuda de Alicia, que me prestó la tarjeta, y en 12 cuotas razonables que no me descuadran la economía.
Lucía, Alejandra y Georgina venían empujando esta decisión, y tenían razón:
invertir en confort es invertir en vida.
El envío llegó en un día.
Un signo claro de que la puerta estaba abierta.

1.b — La provisión concreta: el aire, la tarjeta y la Merced

Lo que pasó con el aire acondicionado merece capítulo propio.
Conseguí un Philco inverter de 3750 frigorías, potente, económico y perfecto para mi departamento de un dormitorio. El más accesible del mercado y, aun así, de marca confiable. Lo pude comprar en 12 cuotas de $66.000, algo que para mí —que opero siempre al contado— hubiera sido imposible sin la ayuda de Alicia, que me prestó su tarjeta.

Y ahí entendí algo:
la Virgen de la Merced me está liberando de la lógica de supervivencia para llevarme a una vida más digna, más estable, más humana.
No es metáfora. Es logística espiritual aplicada a la vida cotidiana.

2.b — El tablero, la instalación y la mano justa

Por aquel tiempo, Luciano —instrumentista experto— me había dicho que no podía instalar el tablero reacondicionado por Armesto, el jubilado que lo dejó impecable pero ya no instala. Luciano me pidió una instalación eléctrica completa, con un presupuesto de $250.000 más $300.000 de mano de obra.
Yo ya estaba resignado a usar parte del aguinaldo para eso.

Pero apareció Iván.
El mismo electricista de acá cerca que ya me había sorprendido con lo económico que fue para arreglarme todas las luces. Lo revisó y me dijo algo que nadie más había dicho:
la instalación estaba bien, no hacía falta cambiarla.

Ayer se lo llevé.
Oramos.
Y en pocas horas:

  • ordenó todos los cables

  • colocó el cubrevolante plástico que yo ya había comprado

  • instaló el tablero sin drama

  • dejó todo funcionando

  • y me cobró $45.000

Una cifra que no es un precio: es un signo.
La Merced está interviniendo para que mi auto vuelva a ser asertivo, no un lastre.

2.c — El embrague que no era el embrague

Me habían dicho que debía cambiar el embrague completo: repuesto + mano de obra = $550.000.
Pero Rubén —otro mecánico honesto— vio lo que otros no vieron.
Con $25.000 de aceite para la caja, el problema desapareció.
No era el embrague.
Era la lectura equivocada.
Y la lectura correcta llegó justo a tiempo.

2. La Taunus: tablero nuevo, cables ordenados, y todos los relojes vivos

Hoy se sumó otro hito:
el tablero instrumental de la Taunus, que estaba destruido, con acrílico roto, relojes injertados y una maraña de cables vergonzosa, finalmente volvió a la vida.
El electricista que encontré a pocas cuadras —el mismo que ya me había ordenado todas las luces— me instaló el tablero nuevo, colocó el cubrecables y dejó todo funcionando por un precio justo, sin abusos, sin letra chica.
Los relojes funcionan.
La cabina volvió a ser digna.
La Taunus volvió a ser mía.

3. El instalador: la elección que se siente correcta

Ahora estoy eligiendo instalador para el aire.
Tengo dos opciones, pero mi intuición —que en estos días está fina— se inclina por Javier, recomendado por Lucía y tocayo de mi segundo nombre.
Precio cerrado, sin sorpresas.
La misma energía que me viene ordenando desde el día 23.

4. La lectura del día

Cuando las cosas se alinean, se alinean en cadena.
No es magia: es ritmo.
Es el cayado que guía y la vara que sostiene.
Es el territorio que se recupera pieza por pieza:
la casa, el auto, el clima, el orden, la vida cotidiana.

Hoy lo veo con claridad:
estoy entrando en una etapa de restitución.
Y cada gesto —el aire, el tablero, los cables, las decisiones correctas— es parte del mismo movimiento.

5 — La restitución como movimiento

Cuando uno está siendo guiado, las soluciones no son mágicas: son precisas.
El aire que llega justo.
La tarjeta que aparece.
El electricista correcto.
El mecánico honesto.
El gasto que se reduce a una décima parte.
El auto que deja de ser un problema y vuelve a ser un compañero.

Todo esto forma parte del mismo movimiento que ya nombré en este día 23:
la restitución.
La Vara que corrige el rumbo.
El Cayado que guía.
La Merced que libera.




miércoles, 13 de mayo de 2026

El día en que la Taunus habló claro


Durante años pensé que el ruido de la caja de la Taunus era un acertijo mecánico, una especie de maldición técnica que ni los expertos podían descifrar. Rubén, el mecánico de clásicos que la tuvo cuatro meses internada sin poder revivirla, había sido el primero en enfrentarse a ese laberinto. Cuando finalmente logró ponerla en marcha, yo ya le había perdido confianza. Y sin embargo, hoy entiendo que lo que enfrentaba no era incapacidad: era la complejidad real de una máquina con vericuetos que rozaban lo sobrenatural.

Y acá aparece un dato que hoy cobra una nitidez absoluta:
Analía lo había olido antes que todos.

Con su intuición fina —esa nariz privilegiada que tiene para detectar lo que otros no ven— me había dicho dos cosas que en su momento no supe valorar:

  1. Que Rubén era el verdadero doctor de la Taunus.
    Y no se equivocó: la confianza que él mismo le transmitió a mi hermana Alejandra cuando fuimos a verla al taller lo confirmaba.

  2. Que el ruido venía de la caja de marchas.
    Y cómo no iba a saberlo, si entre sus tantas certificaciones está la de mecánica en cajas y diferenciales, y ella misma me contó que en su pasado las operaba como una cirujana en el banco de trabajo.

Lo que para mí era un misterio, para ella era un diagnóstico silencioso.

Después vino el venezolano, que logró destrabar los vericuetos iniciales. Por eso creí que él podía convertirse en el nuevo doctor de la coupé. Pero cuando llegó el turno del embrague, jamás me dio fecha, jamás la vio, jamás diagnosticó nada. La confianza se evaporó.

Así terminé en manos de Antonio. Y aunque su trabajo en el tren delantero fue impecable, su diagnóstico sobre el embrague fue un invento. Cuando dudé, volví a Rubén. Y ahí ocurrió lo que tenía que ocurrir: el experto habló.

No quiso internarla. No quiso tocar nada. Solo me dijo una frase quirúrgica:

“Andá a un lubricentro y revisá el aceite de la caja.”

Fui. No tenía ni una gota.

Le pusieron lo que él pidió, más un aditivo. El ruido desapareció en un 70 u 80%. Hoy volví a verlo y me confirmó que el problema ya estaba tratado, que la manejara tranquilo, que cuando la caja realmente pidiera auxilio no iba a entrar ni una marcha. Esa claridad me devolvió la paz.

Y lo más insólito:
el arreglo que Antonio pretendía cobrarme $550.000, terminó costando $25.000.

Con esa diferencia pude ir al electricista recomendado y dejar todas las luces perfectas en un trabajo que me hizo el electricista llamado Hugo Ivan por tan solo $ 65.000 y ya me anticipó que está dispuesto a presupuestarme una instalación eléctrica nueva y a colocarla junto a la colocación del tablero que lo tengo reacondicionado a nuevo desde hace varios años. Cabe destacar que casi ningún electricista de hoy en día esta dispuesto a cambiar una instalación completa porque lleva días de trabajo y no se puede cobrar por día sino por tanto.

Ahora me preparo para comprar el kit de seguridad en los primeros días de junio —matafuego, balizas y los ocho componentes reglamentarios— y ya tengo turno para la ITV el 9 de junio, después de cinco años de restauración.

Si Dios acompaña, ese día la Taunus cruzará su propia frontera.

Con el aguinaldo casi intacto, podré avanzar hacia el tramo final:
la instalación eléctrica nueva, la colocación del tablero instrumental, y entonces sí:

El Final de Obra.
La restauración completa.
La máquina renacida.

Después de eso, solo quedará lo que siempre debió ser:
mantenimiento normal y ruta abierta.



miércoles, 29 de abril de 2026

El encuentro con Nadia en El Clermont

Nadia visitó el Clermont ayer. La casa sostuvo un clima claro y estable. La conversación avanzó con naturalidad y precisión.

El encuentro mostró una afinidad madura: dos almas paralelas, cada una con su eje propio y su modo de estar presente. La interacción fluyó desde la autonomía y desde la lucidez compartida.

El Clermont ofreció orden, silencio operativo y espacio para una presencia auténtica. La visita dejó una sensación de equilibrio y continuidad interior.

La relación encuentra su forma en la paralelidad: resonancia, respeto y caminos propios que avanzan con claridad.

Considerarnos almas gemelas, puede confundirnos de que tenemos un destino compartido.

Almas paralelas, se me ocurrió llamarle a lo nuestro, y como decía Pappo Napolitano, juntos y a la par, aunque no en el sentido de pareja, sino de amigos inseparables y al final del día me dije a mi mismo: Tal vez lo mío, en lugar de tratar de ser experto en parejas, sea, más bien, en fraternidad (amigos y hermanos).



La presiento como la 4ta mujer!!!

Siete meses después de mi separación, fui conociendo mujeres que quedaron como amigas. Incompatibilidades, ritmos distintos, energías que se...