jueves, 23 de julio de 2026

Mis ocho laborterapias: cómo sostengo mi vida desde el hacer

 


Hay personas que se sostienen en rutinas. Otras, en vínculos. Yo me sostengo en laborterapias: dispositivos de trabajo, de acción, de continuidad. No son hobbies. No son pasatiempos. Son mis ocho maneras de no caer, de no detenerme, de no perderme.

🚗 1. Restauración de La Taunus

La Taunus es mi taller mecánico interior.
No es un auto: es un proyecto de continuidad.
Cada pieza que reviso, cada arreglo que planifico, cada pausa obligligada —como la del embrague— me recuerda que la vida también se sostiene en la espera.
La restauración es mi forma de volver a tener agencia.

✍️ 2. Escritura de mis blogs

Mi escritura testimonial es mi laboratorio de conciencia.
No escribo para publicar: publico para no traicionarme.
El blog es mi espacio de verdad sin maquillaje, donde la pena se vuelve forma y la forma me devuelve dignidad.
Es mi taller de pensamiento y mi archivo emocional.

📊 3. Mi labor de ecónomo personal

Mi contabilidad doméstica es una ética.
Ser ecónomo no es administrar plata: es gobernar mi propio monasterio.
Vigilo el flujo, anticipo riesgos, sostengo la estructura y evito el caos.
Es una práctica espiritual disfrazada de Excel.

🗣️ 4. Mi labor de cotertuliano semipresencial

Soy parte de una comunidad de conversación que vive en dos planos:

Cotertuliano semipresencial, en mi caso, significa:

  • Presencial: cafés, sobremesas, visitas, encuentros reales.

  • Remoto: continuidad afectiva y reflexiva por WhatsApp, audios, textos y microtertulias digitales.

La semipresencialidad no reemplaza la mesa: la extiende.
La conversación sigue viva aunque yo no esté físicamente ahí.

📚 5. Taller de Escritura (Museo Pedroni, La Calera)

El taller es mi gimnasio técnico.
Está ubicado dentro del Museo Pedroni de La Calera, y yo participo por Meet, salvo alguna presencia ocasional cuando puedo acercarme.
Ahí la palabra deja de ser catarsis y se vuelve herramienta.
Me ordena, me exige, me corrige y me devuelve disciplina.
Es el espacio donde escribo para el oficio, no para mí.

♟️ 6. Ajedrez esporádico (Paseo del Ajedrecista / Pasaje Santa Catalina)

Mi ajedrez no es competitivo: es meditativo.
Lo practico en el Paseo del Ajedrecista o en el Pasaje Santa Catalina, al costado de la Catedral, cuando mis recorridos me llevan por esa zona.
Es cálculo, silencio y estructura.
Una gimnasia mental que aparece cuando la necesito y desaparece cuando ya cumplió su función.
Me permite volver a la cabeza sin caer en la rumiación.

🎧 7. Melómano

La música es mi respiración estética.
No es entretenimiento: es regulación emocional.
Mi escucha profunda —del deep house a Victor Heredia— ordena mi ánimo, modula mi energía y sostiene mis jornadas.
La música es mi clima interior.

🏃‍♂️ 8. Actividad física (la laborterapia largamente demorada)

Durante años la postergué.
La actividad física era una deuda conmigo mismo, un pendiente que siempre quedaba para “más adelante”.
Pero desde hace poquito tiempo, algo se destrabó: el cuerpo empezó a pedir su lugar.

Moverme, caminar, entrenar, activar el cuerpo debe dejar de ser un castigo y empezar a ser un modo de estar vivo.
Una laborterapia nueva, inesperada, largamente demorada… y que finalmente debe hacerse presente.
Un espacio donde la energía se ordene y la mente se aquiete.

Cierre

Estas ocho laborterapias no me “curan”.
No prometen nada, no solucionan nada, no salvan nada.
Pero me sostienen.
Son mis dispositivos de continuidad, mis formas de estar en marcha, mis pequeñas arquitecturas de estabilidad.



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