sábado, 4 de abril de 2026

Nadia y yo: la amistad como territorio adulto



Hay vínculos que no necesitan explicarse demasiado porque funcionan desde la simpleza. Con Nadia nos pasa eso: dos adultos que disfrutan salir, conversar, caminar un rato por la ciudad y compartir una buena merienda sin ningún subtexto escondido.

Lo nuestro no es una historia de expectativas ni de malentendidos. Es una amistad limpia, directa, donde cada uno ocupa su lugar con naturalidad. Ella disfruta estas salidas, yo también, y eso alcanza para que el encuentro tenga sentido.

No hay roles impuestos ni gestos que generen deuda. Cada uno cubre lo suyo, cada uno aporta su presencia y su humor. Y así, sin adornos, se arma un clima que vale la pena repetir.

A veces la vida adulta ofrece estos pequeños territorios de respiro: una mesa compartida, una charla honesta, una risa inesperada. Con Nadia, ese espacio está abierto y disponible. No necesita más que eso para ser valioso.




No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Comente Tranquilo, sin hacer ruido, por favor

Día 23: La Vara y el Cayado

  Desde el día 23 —ese número que me sigue, me ordena y me acompaña como el viejo Salmo 23— se abrió una racha de alineación concreta, no me...