Relato ordenado de mi vida: hitos, giros y decisiones. Archivo de memoria adulta, sin épica y sin victimismo. Integrado a mi Comunidad Afectiva Alippi García y Cía.
viernes, 3 de abril de 2026
La Crisis de Reevaluación Vital y el Hombre que Vuelve a Empezar
Cuando un hombre que pasó más de la mitad de su vida en pareja —matrimonios, convivencias, pactos afectivos de todo tipo— entra en la etapa en la que la vida lo deja realmente solo, ocurre algo extraño.
Primero aparece un frenesí inesperado.
Una especie de alivio primario: por primera vez en décadas, siente que puede pensarse a sí mismo primero.
Que no debe negociar cada gesto, cada plan, cada deseo.
Que hay un territorio propio que vuelve a abrirse.
Pero ese estado dura poco.
Muy poco.
Porque al poco tiempo golpea la puerta el viejo vacío:
la soledad auténtica, la que no se llena con actividades ni con discursos.
La que se siente en el cuerpo, en la mente y en el alma.
Y entonces aparece otra capa:
la idea de que sus defectos, sus rarezas, sus límites, sus problemas, lo vuelven “inaceptable”.
Que nadie lo va a elegir otra vez.
Que sus ex —más hermosas, más luminosas, más resueltas— pertenecen a un calibre que él ya no podrá alcanzar.
Todo eso junto arma una tormenta conocida:
una crisis más, entre tantas que ya atravesó.
Pero esta tiene un nombre preciso:
➡️ Crisis de reevaluación vital
No es patológica.
No es un derrumbe.
Es un proceso de reorganización profunda donde se revisa:
qué quedó atrás,
qué ya no tiene sentido,
qué merece continuidad,
qué debe cerrarse con dignidad,
qué se inaugura como etapa adulta final: más sobria, más libre, más suficiente.
🧩 ¿Por qué ocurre alrededor de los 56?
Porque coincide con:
el cierre de la etapa productiva clásica,
la conciencia real del tiempo finito,
la necesidad de ordenar linaje, obra y estilo,
la redefinición del deseo en clave adulta,
la búsqueda de suficiencia en lugar de expansión,
el pasaje del hacer al ser.
Y en medio de todo eso, este hombre —que soy yo— atraviesa también el cuerpo medicado:
una nueva droga que me deja dopado día por medio, que me ralentiza, que me obliga a aceptar mis límites sin negociar.
Es doble dolor.
Pero también es doble verdad.
Cierre
Me había inclinado por una Kawasaki de colección del año 1995, cuando me enamoré de las motos custom.
Pero la vi perder aceite, y una que yo sé me advirtió con claridad adulta:
si la Kawa pierde aceite, rechazala de plano.
Así que vuelvo a mi elección anterior:
la Keeway K-Light 202, fabricada bajo supervisión integral de los ingenieros de Benelli.
Cero kilómetro.
En Maipú Motos.
Con todos los services oficiales hechos como corresponde, desde el primer día.
Y a la Coupé —mientras no aparezca ningún mecánico confiable— usarla hasta que se rompa, o hasta que aparezca un buen donatario digno, o tal vez hasta que pueda liquidarla por unos buenos mangos al mejor postor.
Este es uno de esos deseos simples y firmes que vale la pena que sobrevivan a esta crisis mía de hoy.
P/D: Justo en este día se comunicó un mecánico del Club del Taunus y me ofreció revisarme la Coupé y arreglarla de a poco, puesto que tiene 70 años y trabaja solo y despacio, pero me aceptó que le pagara con facilidades, puesto que me dijo que él no vive de la mecánica. Así que el proyecto de la moto vuelve otra vez a su cajón donde sí o sí debe quedar archivado una y otra vez cuando se quiere volar y convertirse en realidad.
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