jueves, 12 de febrero de 2026

Capitulo IX -La Familia Adulta que se acompaña-


📘 La Familia Adulta que se Acompaña

(Versión final final)

En esta etapa de mi vida, después de ordenar mi casa, mi economía, mis afectos y mis responsabilidades, puedo nombrar con claridad lo que somos:
una familia adulta que se acompaña.

No somos estructuras simbólicas, ni jerarquías, ni títulos heredados.
Somos personas reales, con historias reales, que se sostienen mutuamente desde la adultez.

El núcleo Alippi García

Lucía

Mi hermana.
Administradora judicial de mi economía.
Somos L.A.T. (living apart together) = (trabajando juntos, en equipo, por disposición judicial), pero viviendo separados cada cual en su casa y con su propia tribu y/o clan.

Nos acompañamos desde la adultez, no desde la convivencia que fue en la edad temprana cuando vivíamos los 8 originarios en El Bolivar, el gran departamento de 4 dormitorios, dos baños, cocina amplia, living comedor enormes y balcón también grande. Allí llegamos a vivir los 8, dos por cuarto, el papá y la mamá en el matrimonial, dos hermanas mayores en el otro, las otras dos en el otro femenino y el restante, el de los varones, el primogénito y yo, el menor. En esas épocas todos convivíamos en una misma familia todavía sin ramas, éramos muy felices y unidos y recién en la adultez nosotros los hermanos, empezamos a regresar uno a uno a esa unión y felicidad originaria, luego de largos procesos personales y familiares, difíciles, complicados y complejos, sin perder jamás el espíritu fuerte y contenedor propio de toda la familia y conforme lo heredamos de nuestros padres y nos lo educaron con sabiduría. Aun así, las alegrias y los festejos, jamás faltaron, pues de eso se trata de la vida de cualquier humano. Ya, cada uno con nuestras familias propias, como les dije más arriba, al fin estamos regresando de a poco y uno a uno, a la paz definitiva y la estabilidad del último trayecto de la vida como lo marca la Ley Natural.

Alejandra

Mi hermana.
Viuda.
Coapoyo de Lucía —y Lucía de ella— desde hace años, pronto con sentencia firme.
Es la protectora de mi sucesión, por carácter y por onomástica.
Administra y dispone la escritura del Clermont.
Yo tengo usufructo vitalicio y ya dejé instrucciones claras para evitar confusiones.

Georgina — “Arquitecta ¿Y?”

Mi hermana.
Arquitecta de profesión.
Y además, en el plano afectivo-operativo, Arquitecta Junior de las arquitecturas internas de sus hijos, de sus amigas y de sus vínculos fraternos.

El “¿Y?” funciona como esos sobrenombres espontáneos que la calle inventa para nombrar lo que reconoce sin saber explicarlo:
maestro, facha, padre, compadre, señor.

En mi familia, esos apodos también existieron y marcaron nuestro linaje:

  • A mi padre, Ing. Don Juan Arturo, título honorífico nacido del respeto popular y confirmado por la memoria de nuestros ancestros.

  • A mí, El Caballero, Dr. Leandro, nombre que solo usan quienes me han visto sin máscaras, sin sombras y sin miedo.

En ese mismo espíritu, Arquitecta ¿Y? es la forma justa de nombrar el rol natural, cotidiano y real de Geor.

Yo

Leandro Javier Alippi García.
Profesional jurídico.
Humanista.
Hombre adulto en eje.
Sin roles épicos.
Sin títulos simbólicos.
Solo identidad adulta.

Las ramas familiares

Cada hermana formó su propia familia, con su historia, su recorrido y su autonomía.
No son jerarquías: son ramas naturales de un mismo tronco.

  • Familia Muiño–Alippi (Lucía y el Dr. Gustavo José Muiño).

  • Familia Fábregas–Alippi (Alejandra y Carlos Patricio Fábregas Moyano).

  • Familia Pauli–Alippi (Georgina y Tristán Pauli).

Los Santitos Difuntos — Línea Alippi García

María Irene Alippi

Mi hermana.
Casada con el Cr. Gastón Jorge Estevez Buteler.
Tuvieron cuatro hijos.

María Irene fue Acompañante Profesional de Personas, y fue quien más me enseñó sobre el oficio de acompañar.
Además, era Bachiller en Letras, y escribía “para los dioses”, como decíamos en casa.
Una presencia luminosa, formadora y profundamente humana.

El primogénito: Juanchilo

Hijo mayor de mi mamá y mi papá.
En el patriarcado paternalista auténtico que ellos fundaron, el bastón de mando le correspondía naturalmente.

El sucesor natural: Ing. Civil Juan Arturo Alippi (nieto)

Hijo menor de Juanchilo.
Homónimo de su padre y de su abuelo.
Ingeniero Civil, como su padre y su abuelo.
Misma profesión.
Mismo linaje.
Heredero natural del bastón.

El rastreo del bastón de mando

La presunta vacancia

Conversando con mi amigo y hermanito mayor putativo: Lic. Baltasar Gonzalo (Vicente) Ferrer, debatimos si el bastón había quedado vacante.
El Dr. Gustavo Muiño —de tradición paternalista también— coincidía en que valía la pena rastrearlo y él me instó a que fuera a encontrarlo.

La reunión con “el Artu”

Lo cité de inmediato.
Nos encontramos en una estación de servicio donde su padre y yo solíamos debatir temas de empresa y de vida.

El clima fue adulto, cordial, sin dramatismo.

Ejercí mi embestida simbólica de carnero, suave y respetuosa.
Y él —el Artu— abdica el bastón a mi favor sin resistencia, con respeto y claridad.

Nos dimos la mano.
Elogió la Taunus.
Palabras de rigor.
Y cada uno siguió su camino.

La verdad que apareció después

Yo sabía —y confirmé al poco tiempo— que el bastón no era un patriarcado puro, sino un matriarcado‑patriarcado, con predominio real de la rama femenina.

Y rastreando con mi don, encontré lo que ya intuía:

La depositaria real: Lucía

Lucía estaba:

  • disponible

  • ejerciendo

  • sosteniendo

  • administrando

  • cuidando

  • desde hacía años

  • de manera invisible y adulta

Por eso, entre nosotros dos, nació el apodo cariñoso:

co‑mamá

No como rol simbólico, sino como reconocimiento afectivo‑operativo.

Mis afectos de vida

Dra. María Soledad Berra

Mi primera querida.
Llegó al rango de esposa civil y también nos casamos por la Iglesia Católica.

Desde el primer día, mi intuición fina me decía que ese matrimonio no existía en la Verdad Absoluta.
Años después, tras un largo peregrinar, los tribunales eclesiásticos del Arzobispado de Córdoba dictaron sentencia firme de nulidad.

Eso confirmó lo que siempre supe:
mi condición vitalicia de soltero para la que hace poquitos días he realizado voto íntimo de celibato elegido hasta la muerte y porque ya lo sé sostener y no es algo tomado a la ligera, como fanático o loco.

Soledad valoró siempre mi costado campamentero, y lo transmitió a su hijo con cariño.

Dra. Guadalupe Berra

Hermana gemela de Soledad.
Mi ahijada matrimonial.
Presencia afectiva en mi historia.

Verónica Elizabeth Serra

Técnica en laboratorio y bromatología.
Profundísima.
Noble.
Muy católica.
Fuimos esposos por derecho civil.
Vivimos en Alto Alberdi junto a su familia.

Ella me enseñó a concentrarme profundamente y fue la iniciadora real de mi largo peregrinar simbólico, serrano y urbano, por los pueblos de Córdoba.

Ese camino desembocó en mi oficio vocacional actual:
estilista de climas naturales, reales y simbólicos, rastreador por don y por práctica.

Analía Estrada

Profesora de Yoga (título formal -no oficial-).
Dra. Holística (nobiliario afectivo‑operativo, no académico).

En mi vida afectiva la llamo “mi analiíta”, porque fue la única persona que operó mi alma con la precisión de una doctora real de lo humano. Es un vínculo íntimo, no genealógico, y así quedará para siempre.

Cierre

Este es mi legado público e informar, para leerlo haga clic en el link Legados únicos y finales: Mi Legado Definitivo. Lo juro por Dios.


Es orden.
Es identidad.
Es adultez.

Somos una familia adulta que se acompaña, cada uno desde su lugar, con su vida, su historia y su responsabilidad.


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