sábado, 7 de febrero de 2026

Capítulo V -Mi conversión definitiva-


El 6 de febrero de 2026, durante toda la tarde, viví mi conversión definitiva a la fe de origen. No fue un acontecimiento externo ni un gesto ritual. Fue una decisión interna, adulta, tomada en silencio y con plena conciencia.

Ese día se ordenó algo que venía madurando desde hacía tiempo. La fe volvió a ocupar su lugar natural: católica, doméstica, sobria, vivida desde la razón rendida y no desde la búsqueda de señales o dramatismos.

Desde entonces, mi práctica espiritual se sostiene en lo cotidiano:
trabajo, descanso, música, orden, mesa, silencio.
Sin sincretismos.
Sin solemnidades prestadas.
Sin necesidad de explicaciones.

Mi ecclesia doméstica es suficiente.
Mi fe es verdadera.
Y desde ese día, camino en paz.






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