viernes, 13 de febrero de 2026

Capítulo XI -La Hondananza-

 


Hondananza

Hay palabras que no vienen de diccionarios, sino de los cuerpos.

Hondananza es una de esas.

Mi papá la inventó y me la enseñó con la misma naturalidad con la que uno transmite una postura, un gesto o una forma de mirar lejos. No significa “profundidad” ni “bonanza”, aunque tenga algo de ambas. Significa otra cosa: la profundidad calma donde uno se sienta como es, recuerda a los suyos —vivos y muertos— y permanece presente sin solemnidad.

La hondananza no se explica: se habita.

En mi familia aparece siempre igual:
sentados relajados pero erguidos, piernas cruzadas sin enroscar, la mirada perdida en la lontananza pero el cuerpo acá, entero. Es una postura masculina, adulta, sin pose. Y desde ahí, cada quien deja que vengan sus memorias afectivas, sin drama y sin ruido.

Cada templo humano puede apropiarse esta palabra a su modo. La hondananza tiene doble fondo: lo que se ve y lo que sostiene lo que se ve.

Y en ese fondo viven nuestras historias, nuestras raíces y nuestra forma de estar en el mundo.

Amén.



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