El juez interno no nace de teorías, ni de espiritualismos raros, ni de reencarnaciones ajenas. Nace de la vida vivida, del oficio ejercido, de la formación recibida y del modo en que uno aprendió a operar en el mundo real.
En mi caso, ese juez interno viene de tres fuentes que se entrelazan sin confundirse:
del Leandro adulto, el que hoy ordena territorio sin drama
del doctor que opera finito, quirúrgico, sin inflación
del relator ad hoc que durante más de cinco años trabajó en el Juzgado Civil y Comercial de la Dra. Susana Parés, donde fui calificado siempre como “el chico diez”
Por eso, cuando digo que “para todo lo extraordinario está Memorias Afectivas”, lo digo desde ese juez interno: el que sabe dónde va cada cosa, qué corresponde y qué no, qué se toca hoy y qué se deja para otro día.
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