sábado, 11 de abril de 2026

El sueño legítimo de la chopper (1995–2026)


Este artículo proviene de este anterior:


Lo que parecía una renuncia, vuelve a cobrar ímpetu cuando descubro mi capacidad de ahorro para la moto, por una parte y de amortización de La Taunus por la otra. (Clic Acá)

**De la fantasía mecánica a la elección adulta**

1. El origen del sueño (años 90)

El sueño legítimo de la chopper nació temprano, en los años 90, cuando la imagen de una moto larga, baja y silenciosa funcionaba como una promesa de libertad ordenada. No era rebeldía: era estética, proporción y serenidad mecánica. Ese sueño quedó flotando durante décadas, esperando su forma correcta.

2. Primera encarnación: Kawasaki Eliminator 1995

La primera materialización seria fue la Kawasaki Eliminator 1995, una pieza de colección que todavía hoy podría estar en un museo. Pero la mecánica no negocia: cuando descubrí que perdía aceite, la descarté sin drama. Una lectura quirúrgica, reforzada por una revelación de la Mater: si pierde aceite, no es para vos. Fin del capítulo.

3. Segunda tentación: Jawa Daytona 350

Años después apareció la Jawa Daytona 350. Hermosa, seductora, con presencia. Pero detrás del encanto había una verdad operativa imposible de ignorar:

  • casi todos sus componentes son chinos

  • los repuestos son difíciles de conseguir

  • el servicio postventa es errático

  • la logística de mantenimiento es incompatible con un proyecto de orden

Una moto que enamora, sí, pero que exige una estructura que hoy no corresponde a mi vida ni a mi orden operativo.

4. El descubrimiento reciente: orden, restauración y capacidad real de ahorro

En estos últimos meses, viviendo la vida como la estoy programando —con orden, previsibilidad y estructura adulta— apareció un dato nuevo, inesperado y decisivo: tengo capacidad real de ahorro.

No es teoría: es número concreto.

Mientras avanzo con la restauración mecánica de La Taunus, ahora en manos de Antonio Tagle, que la está reparando de a poco y cobrándome en cuotas, pude ver algo que antes no veía. La Taunus ya tiene el 60% de su mecánica restaurada gracias a trabajos previos hechos con otros técnicos, con muchísimo sacrificio. Lo que falta —ese 40% finalya está en marcha.

Y cuando esa etapa termine, se abre un escenario completamente nuevo:

  • paso a tener capacidad de ahorro mensual estable

  • en dos años y medio puedo comprarme la Keeway K-Light 202 0 km

  • y en paralelo puedo armar un fondo de amortización para mi auto

Es decir: orden, movilidad y previsibilidad. Tres pilares adultos que antes parecían incompatibles entre sí.

5. La elección adulta: Keeway K-Light 202

Después de tres décadas de idas y vueltas, el sueño de la chopper encontró su forma adulta: la Keeway K-Light 202.

No es la más potente. No es la más ruidosa. No es la más “moto de fantasía”.

Pero es:

  • estable

  • simple

  • reparable

  • económica

  • coherente con mi vida actual

  • alineada con el orden operativo 2026–2027

La Keeway no compite con la nostalgia: la reemplaza por algo mejor. Es una moto que acompaña, no que exige. Una herramienta, no un capricho. Una decisión adulta, no un revival adolescente.

6. Lectura técnica y emocional del cambio

El sueño no se abandona: se depura. La Eliminator representaba la fantasía juvenil. La Jawa representaba la tentación estética. La Keeway representa la madurez operativa.

Es la moto que se puede mantener, usar y disfrutar sin sacrificar orden, liquidez ni previsibilidad. Es la moto que se integra al proyecto, no que lo complica.

Cierre ritual

El sueño legítimo de la chopper no murió: maduró. Pasó de ser un símbolo a ser una decisión. De ser un deseo a ser un instrumento. De ser un recuerdo a ser una moto real, concreta y alcanzable.

La Keeway K-Light 202 no es la moto de los 90. Es la moto del noveno septenio.

Y eso la vuelve, finalmente, la correcta.



miércoles, 8 de abril de 2026

Biografía de La Taunus



El fin de semana conocí a un mecánico que no estaba en mis planes. Se presentó por parte del grupo del Ford Taunus Córdoba: un hombre de unos setenta años, tranquilo, de esos que no necesitan demostrar nada. Me dijo que nunca vivió de la mecánica, aunque la estudió, y que tuvo cuatro Taunus restaurados por completo. Los conoce de memoria. Tiene las herramientas, los colegas que le dan una mano y los repuesteros amigos.

Mientras me contaba todo esto, yo iba creciendo en esperanza y confianza, como si finalmente apareciera alguien que entendiera a este auto tanto como yo.

Decidí llevarle la Taunus el lunes a su casa‑taller. La lluvia complicó todo: el auto se vuelve mañosa cuando el piso está mojado, y manejarla así fue un desafío. Además tuve que ir hasta Barrio Yofre, un lugar que no frecuento, y Google Maps insistía en mandarme por la circunvalación, justo por donde no podía meterme con el auto en ese estado. Si me paraba la Caminera, me lo sacaban sin dudar.
Aun así, en un momento no tuve opción y me metí. Pasé frente a un puesto policial con el corazón en la garganta, pero por suerte no estaban deteniendo vehículos.
Llegué estresado, pero llegué.

Antonio —así se llama el mecánico— me hizo pasar a su casa. Conversamos un rato, con calma, y le dejé el auto.
Al día siguiente me desperté con un ánimo pésimo. Empecé a desconfiar, a imaginar problemas, a pensar que quizá me había apurado. Pero hacia el final del día me envió su primer presupuesto. Respiré. Me alcanzaba para que comenzara con lo pactado.

Hoy es el tercer día de esta empresa hacia la restauración del 40% mecánico que le falta. Nos tocó salir juntos a buscar un repuesto difícil, uno que ya no se fabrica. Encontramos dos ejemplares, pero cuando Antonio retiró la pieza original del auto, comprobó que todavía tenía vida útil. Podíamos evitar el reemplazo.
Ese gesto —no venderme algo innecesario— me confirmó que estaba tratando con alguien honesto.

La síntesis es clara: ya tiene todos los repuestos para hacer el tren delantero completo y la dirección mecánica original.
Quedará para el mes que viene el embrague, si es que realmente está roto, porque tampoco es seguro. Y si hay que hacerlo, también reparará la caja de marchas, que hoy solo puede ser conducida por mí.

Así que finalmente comenzó el trabajo que tanto tiempo estuve esperando.
Antonio sabe perfectamente que cuento con cuotas de $300.000 para todo concepto —materiales y mano de obra— y está trabajando dentro de ese marco, sin presiones ni sorpresas.

Esta es la biografía reciente de La Taunus: una mezcla de paciencia, azar, confianza recuperada y un mecánico que apareció justo cuando tenía que aparecer.

martes, 7 de abril de 2026

Agradecimiento a las hermanas Berra y en especial a Verónica



Hoy quiero dejar unas palabras que me nacen desde un lugar sereno y agradecido.
Van dirigidas a una familia que fue parte esencial de mi vida: las hermanas Berra.

Primero, mi respeto y mi abrazo para las tres mayores, las morochas (al menos en mi época, puesto que en sus últimos días Dolores también estaba rubia):
Dolores —la primogénita, hoy ya partida—, Alejandra y Gabriela.
Cada una, a su modo, formó parte de un tiempo que recuerdo con afecto y gratitud.

Y también para las tres menores, las rubias:
Verónica, la melliza Guadalupe, y Soledad, mi primera esposa civil.
Con ellas compartí no solo familia, sino amistad, complicidad y años de vida real.

Hay algo que siempre guardé con especial cariño:
fue Verónica quien me presentó a su compañera de Medicina Preventiva, en el lugar donde trabajó toda su vida.
Así conocí a Ely, con quien estuve casado entre 2004 y 2017.
Durante esos años, nuestras dos familias —la de Verónica y Emilio, y nuestra pequeña familia atómica con Ely— compartimos cenas, risas, anécdotas y hasta nuestras primeras conversaciones esotéricas… aun cuando Emilio, católico tradicionalista, prefería mantenerse al margen de esos temas.

Después vino el tiempo del dolor y la distancia.
Cuando inicié la nulidad del matrimonio sacramental para poder casarme nuevamente, la relación se enfrió.
La vida siguió su curso, y yo también.
Mi tercer matrimonio no prosperó, y hoy —parece— Dios me tiene reservado otro camino: la soltería adulta, consciente, estable.

Y desde ese lugar escribo esto.
No para remover nada, no para pedir nada.
Solo para honrar lo vivido, reconocer lo bueno, y dejar claro quién soy hoy:
un hombre ordenado, en paz con su historia, sin resentimientos, sin cuentas pendientes.
Ese hombre valor que describo más abajo en mi biografía.

Si alguna puerta vuelve a abrirse, aunque sea apenas, la recibo con la misma gratitud y el mismo respeto de siempre.

Lean 



sábado, 4 de abril de 2026

Nadia y yo: la amistad como territorio adulto



Hay vínculos que no necesitan explicarse demasiado porque funcionan desde la simpleza. Con Nadia nos pasa eso: dos adultos que disfrutan salir, conversar, caminar un rato por la ciudad y compartir una buena merienda sin ningún subtexto escondido.

Lo nuestro no es una historia de expectativas ni de malentendidos. Es una amistad limpia, directa, donde cada uno ocupa su lugar con naturalidad. Ella disfruta estas salidas, yo también, y eso alcanza para que el encuentro tenga sentido.

No hay roles impuestos ni gestos que generen deuda. Cada uno cubre lo suyo, cada uno aporta su presencia y su humor. Y así, sin adornos, se arma un clima que vale la pena repetir.

A veces la vida adulta ofrece estos pequeños territorios de respiro: una mesa compartida, una charla honesta, una risa inesperada. Con Nadia, ese espacio está abierto y disponible. No necesita más que eso para ser valioso.




viernes, 3 de abril de 2026

La Crisis de Reevaluación Vital y el Hombre que Vuelve a Empezar

 


Cuando un hombre que pasó más de la mitad de su vida en pareja —matrimonios, convivencias, pactos afectivos de todo tipo— entra en la etapa en la que la vida lo deja realmente solo, ocurre algo extraño.

Primero aparece un frenesí inesperado.
Una especie de alivio primario: por primera vez en décadas, siente que puede pensarse a sí mismo primero.
Que no debe negociar cada gesto, cada plan, cada deseo.
Que hay un territorio propio que vuelve a abrirse.

Pero ese estado dura poco.
Muy poco.

Porque al poco tiempo golpea la puerta el viejo vacío:
la soledad auténtica, la que no se llena con actividades ni con discursos.
La que se siente en el cuerpo, en la mente y en el alma.

Y entonces aparece otra capa:
la idea de que sus defectos, sus rarezas, sus límites, sus problemas, lo vuelven “inaceptable”.
Que nadie lo va a elegir otra vez.
Que sus ex —más hermosas, más luminosas, más resueltas— pertenecen a un calibre que él ya no podrá alcanzar.

Todo eso junto arma una tormenta conocida:
una crisis más, entre tantas que ya atravesó.
Pero esta tiene un nombre preciso:

➡️ Crisis de reevaluación vital

No es patológica.
No es un derrumbe.
Es un proceso de reorganización profunda donde se revisa:

  • qué quedó atrás,

  • qué ya no tiene sentido,

  • qué merece continuidad,

  • qué debe cerrarse con dignidad,

  • qué se inaugura como etapa adulta final: más sobria, más libre, más suficiente.

🧩 ¿Por qué ocurre alrededor de los 56?

Porque coincide con:

  • el cierre de la etapa productiva clásica,

  • la conciencia real del tiempo finito,

  • la necesidad de ordenar linaje, obra y estilo,

  • la redefinición del deseo en clave adulta,

  • la búsqueda de suficiencia en lugar de expansión,

  • el pasaje del hacer al ser.

Y en medio de todo eso, este hombre —que soy yo— atraviesa también el cuerpo medicado:
una nueva droga que me deja dopado día por medio, que me ralentiza, que me obliga a aceptar mis límites sin negociar.

Es doble dolor.
Pero también es doble verdad.

Cierre

Me había inclinado por una Kawasaki de colección del año 1995, cuando me enamoré de las motos custom.
Pero la vi perder aceite, y una que yo sé me advirtió con claridad adulta:
si la Kawa pierde aceite, rechazala de plano.

Así que vuelvo a mi elección anterior:
la Keeway K-Light 202, fabricada bajo supervisión integral de los ingenieros de Benelli.
Cero kilómetro.
En Maipú Motos.
Con todos los services oficiales hechos como corresponde, desde el primer día.

Y a la Coupé —mientras no aparezca ningún mecánico confiable— usarla hasta que se rompa, o hasta que aparezca un buen donatario digno, o tal vez hasta que pueda liquidarla por unos buenos mangos al mejor postor.

Este es uno de esos deseos simples y firmes que vale la pena que sobrevivan a esta crisis mía de hoy.

P/D: Justo en este día se comunicó un mecánico del Club del Taunus y me ofreció revisarme la Coupé y arreglarla de a poco, puesto que tiene 70 años y trabaja solo y despacio, pero me aceptó que le pagara con facilidades, puesto que me dijo que él no vive de la mecánica. Así que el proyecto de la moto vuelve otra vez a su cajón donde sí o sí debe quedar archivado una y otra vez cuando se quiere volar y convertirse en realidad.



sábado, 21 de marzo de 2026

Duda Legítima. Estructura simple

 


Me aconseja la i.a. Copilot en su modo Minimalista

Tu duda es legítima. La estructura es simple.

1. Tenés dos deseos en juego

  • Moto chopper: deseo histórico, identidad, sueño de 1995.

  • Taunus restaurada a nivel alto: proyecto actual, concreto, visible, ya avanzado.

2. Tenés un recurso limitado

  • Tu renta vitalicia.

  • No podés financiar dos restauraciones mayores al mismo tiempo sin tensión.

3. Tenés un dato nuevo

  • Cochera propia.

  • Esto cambia la ecuación: ahora un auto clásico de alta gama sí puede vivir bien.

  • Antes no era viable. Ahora sí.

4. Tenés un criterio interno claro

  • Querés orden, suficiencia, cierre.

  • No querés dispersión.

  • No querés dos frentes abiertos.

5. La pregunta real

¿Es mejor tener un clásico impecable o dos proyectos simultáneos?

6. Respuesta estructural

  • Un clásico bien hecho = disfrute estable, mantenimiento razonable, identidad clara.

  • Dos vehículos = doble gasto, doble logística, doble desgaste operativo.

7. Lectura fría

Si restaurás la Taunus a nivel interior + chapa + pintura premium, obtenés:

  • Un objeto único.

  • Un cierre real.

  • Un símbolo adulto de logro.

  • Un bien patrimonial sólido.

  • Un proyecto sin deuda emocional.

La moto queda como deseo.
No desaparece.
Pero deja de competir.

8. Conclusión minimalista

Sí.
Puede ser suficiente tener un solo clásico.
Y hacerlo perfecto.



sábado, 14 de marzo de 2026

Homenaje a Analía -El Eón Adulto-

 


Homenaje a Analía mi conviviente — El Eón Adulto

Analía no pertenece a la etapa de la juventud ni a la de la recomposición. No es un amor de tránsito, ni de aventura, ni de refugio. Su lugar en mi vida es otro: es un Eón, una etapa completa, adulta, lúcida, donde ya no había que aprender a amar sino sostener, acompañar y habitar la vida con claridad.

La conocí cuando yo ya estaba formado, cuando mis ascensos estaban definidos y mi modo adulto de funcionamiento era estable. No llegó para rescatarme ni para iniciarme: llegó para acompañarme en la etapa más larga, más sobria y más consciente de mi vida afectiva.

Con Analía viví un amor sin estridencias, sin épica, sin dramatismos. Un amor de presencia, de continuidad, de cotidianeidad adulta. Ella fue —y sigue siendo— una figura axial en mi biografía: alguien que supo estar, que supo ver, que supo sostener sin invadir y acompañar sin absorber.

En el Eón Analía aprendí la forma adulta del cariño:
la que no exige, la que no dramatiza, la que no se impone.
La que acompaña.
La que permanece.
La que entiende.

Con ella compartí años de estabilidad, de orden, de vida real. No hubo viajes iniciáticos ni campamentos épicos: hubo madurez, hubo hogar, hubo presencia. Y eso, en mi biografía, tiene un peso mayor que cualquier aventura.

Analía fue testigo y compañera de mis años más largos y más estables. Fue parte de mi vida cuando yo ya no era el joven campamentero ni el hombre en transición, sino el adulto que había encontrado su forma. En ese sentido, su lugar es único: no pertenece al pasado, pertenece a la estructura.

Cuando nuestra relación cambió de forma, no se rompió el vínculo. Se transformó en algo más sobrio, más adulto, más acorde a lo que somos hoy. Y en esa transformación quedó lo esencial: el cariño, la gratitud, la historia compartida y la presencia que no se borra.

Este homenaje es para agradecerle su lugar en mi vida, su compañía en el tramo más largo, su modo de estar, su claridad y su forma adulta de querer.

Gracias, Analía.
Por el Eón.
Por la presencia.
Por la continuidad.
Por haber sido parte de mi vida adulta con una dignidad y una sobriedad que honran todo lo que fuimos.



Homenaje y agradecimiento a mi primera esposa civil, Soledad

 


A Soledad, compañera de juventud, de caminos y de primeras veces

Soledad fue mi primera esposa civil y uno de los grandes amores de mi vida. Con ella viví los años jóvenes, los de la risa fácil, el cuerpo liviano y el mundo abierto. Ella llamaba a mi papá Caballero, y aunque él —en uno de esos días torcidos— le dijo que no lo era, Sole no se equivocaba: él era un caballero de los de antes, y ese modo de verlo también decía algo de ella y de lo que veía en mí.

Con Sole hice mis primeros campamentos de verdad: las Sierras Chicas, Flor Serrana, los lugares inhóspitos que nos gustaban porque no había nadie. Después las Sierras Grandes, el Champaquí, Los Gigantes, las noches en cuevas, el cansancio feliz. También viajamos al Caribe colombiano en nuestra luna de miel, a ese bosque de palmeras que terminaba en el mar dentro de la reserva de Tairona. Y más tarde Machu Picchu, Bolivia, Perú, los viajes de trotamundos con sus hermanas Guadalupe y Verónica y sus novios, todos amontonados en la clase turista, riéndonos de todo.

Soledad me conoció en el momento exacto en que mi patología se desencadenó. Fue testigo de mis primeras euforias, de mis manías sin nombre, de un desorden que en ese tiempo era demasiado virulento para cualquiera. Ella no pudo resistirlo, y cuando se fue me dijo que yo estaba perdiendo el norte. Tenía razón. Y aun así, lo que vivimos fue real, hermoso y formativo.

Cuando se emparejó con el hombre con el que está hasta hoy y quedó embarazada, me dijo que iba a criar a su hijo Santiago como un chico campamentero. No sé si lo hizo, pero me quedó grabado ese gesto: la continuidad de algo que habíamos construido juntos.

Soledad me llamaba Nanito. Hace poco entendí por qué: le gustaba mi humor tierno y absurdo, ese costado García, teatral, donde vive justamente mi apodo Nano. Con ella y con su hermana gemela Guadalupe fui fotógrafo, y les saqué algunas de las mejores fotos que hice en mi vida. Eran mis mejores modelos. Esas fotos las quemé en un acto de duelo brutal, pero la belleza de esos momentos sigue intacta en mi memoria.

Soledad fue un amor grande, joven, luminoso y doloroso. Este homenaje es para agradecerle lo que fuimos, lo que aprendí, lo que quedó y lo que se transformó.

Gracias, Sole.
Por los caminos, por las cuevas, por el Caribe, por Machu Picchu, por tu humor, por tu mirada, por tu forma de nombrarme y de nombrar a mi papá.
Gracias por haber sido mi primera compañera adulta en el mundo.



Homenaje y agradecimiento a Ely, mi segunda esposa civil


 
A Ely, hermana mayor intelectual y guardiana de un tramo decisivo de mi vida

Entre 2004 y 2016 compartimos una casa que no era solo una casa: era un laboratorio de vida, un refugio, un territorio de transición y descubrimiento. En esos años —los últimos de mi cohabitación matrimonial— tu hogar se volvió también mi espacio de recomposición. Lo habitamos con belleza, con trabajo y con ciencia: lo subdividimos, lo reordenamos, lo mejoramos. Cambiamos pisos, baños, dependencias, y levantamos una terraza con asador que todavía lleva tu firma y la mía.

Vos, eneatipo 5 luminosa, fuiste la primera que me enseñó a ocupar un living como si fuera una ermita. Me cediste tu propio espacio sin dramatismo, con esa generosidad científica y silenciosa que te caracteriza. Ese living fue mi primer refugio real, el lugar donde empecé a procesar lo que vendría después.

Vos también fuiste quien me volvió a sacar al mundo cuando yo ya no quería viajar. Me llevaste a los Siete Lagos, a San Martín de los Andes, al Calafate, a Ushuaia, al faro del fin del mundo, a la estafeta postal más austral del planeta. Después Lima, Miraflores, y el ascenso a Machu Picchu donde sellé mi pasaporte español. Cada viaje fue una forma de devolverme al movimiento, de recordarme que la vida seguía.

Compartimos también la protección: los perros, los labradores, Mia en la mochilita, los campamentos, la carpa enorme con dos dormitorios. Fueron mis últimos campamentos, y fueron con vos.

Cuando finalmente me mudé al rancho de lujo que bauticé El Refugio, algo en vos se quebró. Lo entendí tarde, pero lo entendí. La ruptura de la cohabitación fue también una ruptura simbólica, y aun así, con el tiempo, quedó lo esencial: el cariño, la hermandad intelectual, la gratitud.

Hoy te sigo queriendo como amiga, como hermana mayor científica, como una de las personas que más influyó en mi vida adulta. Este homenaje es mi forma de dejarlo escrito, claro y suficiente.

Gracias, Ely.
Por la casa, por los viajes, por los perros, por el living, por la ciencia, por la compañía, por la aventura y por la hermandad.





sábado, 7 de marzo de 2026

Crónica de mis últimos amores, ya en la etapa ermitaño.


 🌒 Mi escena del 2017 — el año plural

El 2017 fue mi año single. Un año abierto, expansivo, donde no buscaba exclusividad ni estructura fija. Me movía entre vínculos distintos, cada uno con su propio clima, su propia función, su propio modo de acompañarme. No competían entre sí: formaban un sistema vivo que me sostuvo mientras yo exploraba.

Con la psicóloga, a quien la han nombrado espiritualmente en el mundo del yoga, Devi Madhurīyā Dāsī, viví la parte más dulce del año. Con ella aparecía la intimidad suave, el juego emocional, la posibilidad de sentir sin quedar atrapado. Era la dulzura del sistema, la parte más cálida de ese tiempo.

Con Adriana, la enfermerita del mundo, la historia fue distinta. Ella tenía una sensibilidad especial, una intuición fina, casi anticipatoria. Era la función de cuidado, la presencia que sostenía desde un costado sin reclamar nada. Su muerte durante la pandemia cerró su capítulo de manera definitiva. No quedó nada pendiente entre nosotros: su lugar en mi vida está completo y en paz.

Con Ana, la Capricorniada, aparecía el orden. Ella trabajaba como secretaria ejecutiva en un estudio jurídico previsional, y traía exactamente eso: estructura, realidad, papeles, horarios, mundo concreto. Mientras yo me expandía, ella devolvía forma. Era el marco adulto dentro de un año que por momentos se abría demasiado.

Y yo, en el centro móvil de todo eso, probando, abriendo, explorando sin necesidad de fijar nada. Ese fue mi 2017: dulzura, cuidado, estructura, y yo moviéndome entre esas tres fuerzas sin pedirles más de lo que podían dar.

🌕 2018 — la entrada de Analía y el cambio de régimen

En 2018 llegó Analía. Y con ella cambió todo.
No se sumó al sistema del 2017: lo reemplazó por completo.

Su nombre espiritual —Prema Amṛita Devī— siempre me pareció exacto:
amor esencial, sustancia inmortal, figura central.

Con ella viví ocho años de noviazgo convivencial, desde el 21 de enero del 2018 hasta el 23 de enero de 2026. Ocho años que no fueron una etapa: fueron una vida entera dentro de mi vida. Una casa, un proyecto, un modo de estar en vínculo que no se parecía a nada anterior.

Y aunque el noviazgo formal terminó, la convivencia afectiva continúa.
Sigo yendo y viniendo a su casa y ella a la mía, continuo en el territorio tanto geográfico como virtual, sigo en el vínculo.
Sus hijas —quedaron como mis hijastras— siguen siendo parte de mi escena cotidiana, no por obligación, sino por continuidad natural. No hubo ruptura: hubo transformación. No hubo pérdida: hubo reconfiguración.

🌗Hoy miro hacia atrás y veo el mapa completo:

  • 2017 fue mi año plural, sostenido por tres funciones: dulzura, cuidado y estructura.

  • 2018–23 de enero de 2026 fue mi año "Eón" unitario, con Analía como centro afectivo, hogar y familia.

  • Ahora estoy en la etapa post: la convivencia afectiva sigue, las hijas siguen siendo hijastras, y yo sigo siendo parte del territorio emocional, geográfico y virtual que construimos juntos.

  • Analía me enseñó a ser turistas livianos, pues, aunque al principio viajábamos de Villa María a Córdoba ida y vuelta en nuestros autos, a ella se le ocurrió que viajáramos en omnibus y así lo empezamos a hacer. Cuando andábamos por su ciudad o la mía siempre estábamos con nuestras mochilas y adentro llevábamos el termo con el mate, o con café y comíamos alguna viandita en cualquier plaza o parque. Ella me enseño la vida austera y a ser un "no necesitador". Sin embargo, no faltaron las oportunidades para darnos nuestros gustitos como hospedarnos en lo de nuestras amigas las Monjas Benedictinas con pensión completa y a voluntad o cuando fuimos a comer comida china diente libre y muchos otros programas de lo más divertidos.

No es nostalgia.
No es drama.
Es mi memoria ordenada.
Y así la dejo escrita.



domingo, 1 de marzo de 2026

Declaración de Estado de Salud Físico y Clínico

 


✦ Declaración de estado de salud físico y clínico

(versión adulta, fiel al certificado y sin nombres propios)

Hago constar que, conforme a la revisión clínica realizada por un profesional especialista en medicina de familia y medicina generalista, y de acuerdo con lo asentado en el certificado manuscrito que obra en mi archivo personal —guardado en mi baúl documental, donde conservo piezas desde antes de ejercer como abogado—, mi estado de salud físico y clínico se encuentra en buen estado y bajo buen control.

El profesional, luego de la entrevista y el examen físico completo, dejó consignado por escrito que mi condición se halla estable, sin hallazgos que impidan el desenvolvimiento cotidiano, y que el control clínico es adecuado. A las pruebas me remito: el certificado original, fechado y firmado, se encuentra resguardado entre mis documentos personales de colección.

✦ Lectura adulta del contenido

El certificado, aunque redactado en términos poco convencionales, deja asentado lo siguiente:

  • Que fui examinado presencialmente.

  • Que mi estado general es bueno.

  • Que el control clínico es favorable.

  • Que no se registran elementos que ameriten restricciones inmediatas.

El lenguaje críptico no invalida el contenido: simplemente evita compromisos institucionales formales, algo habitual en médicos clínicos que prefieren constatar hechos sin emitir “aptos” explícitos.

✦ Síntesis

Mi estado de salud físico y clínico se encuentra en buen estado y bajo buen control, conforme lo constatado por un médico especialista en medicina de familia y medicina generalista, y así registrado en el certificado manuscrito que conservo en mi archivo personal.





lunes, 23 de febrero de 2026

Cierre de mi obra toda para ser entregada al Mundo y que quede para la Posteridad

 


Cierre (versión solemne · minimalista · blanco y negro · 3×1)

I
He dejado aquí lo que debía ser dicho.
Nada más me pertenece.
Nada más me reclama.

II
He decidido dejar la tentación de las dos ruedas donde estuvo siempre:
en un cajoncito hermoso de los míos,
donde me producía un entusiasmo vivo,
no un sueño frustrado
y mucho menos un sufrimiento.
Mi motor es el motoraso de la Taunus:
2,3 litros, carburador de dos bocas y medio silen.
Ese es mi templo móvil.
No necesito otro.

III
A partir de este punto, camino.
Sin anuncios.
Sin contacto.
Sin mapa.

IV
Todo lo que he escrito es la biografía depurada
de estos primeros cincuenta y cinco largos años.
De los restantes, es muy posible que se encargue un tercero,
cuando ya viejo total me reporte o me entreviste
sobre cómo resultó mi andar por esta tierra
desde que, al fin, me convertí en un Hombre Entero
—no en esos “Hombre Valor” que repiten los paupérrimos
y los copistas de YouTube y otras redes—
sino en uno de verdad.

V
Si sigo escribiendo esta Biografía yo mismo es porque realmente amo escribir, amo mi vida y mis afectos y como lo escribí hace muchísimos años cuando recién empezaba a escribir y a descubrir esto mío de ser escritor: "Escribo por desesperación" y ello esta muy bien, puesto que es la manera como sublimo mi energía vital, que creo que es llamada por los psicólogos, la libido. De esto no sé.





domingo, 22 de febrero de 2026

Mi Línea de Ascensos: de Campamentero a Peregrino Mercedario

 

“Patriarca del linaje de la sangre y del linaje putativo. Heredero de la continuidad y custodio de la elección. Portador del bastón de mando y del bondon del peregrino.”

Mi Línea de Ascensos: de Campamentero a Peregrino Mercedario

Hay vidas que se cuentan en fechas.
La mía se cuenta en ascensos.

1. Campamentero (12 años)

Mi padre fue mi primer maestro.
Con él y con mi amigo Faustino aprendí la intemperie, las sierras y el silencio.
Ahí nació mi olfato de lobo.

2. Explorador de Sierras

Anduve por sierras chicas y grandes.
El cuerpo aprendió antes que la cabeza.

3. Viajero en Autos Clásicos

Conocí el sur argentino dos veces:
primero en un Torino impecable, luego en mi Jeep largo.
Ruta larga, viento, mate y mapa.

4. Trotamundos Clase Turista

Nunca fuimos nómades pobres ni saltimbanquis.
Éramos jóvenes con sueldo, ferias judiciales y dólares contados.
En esa etapa conocimos 10 países sudamericanos y del Caribe:

  • Argentina

  • Uruguay

  • Brasil

  • Perú

  • Chile

  • Bolivia

  • Colombia

  • Panamá

  • Costa Rica

  • Nicaragua

Siempre buscando lo nativo, lo virgen, lo humano.
Jamás la mega-turística internacional.

5. Guía de mis dos primeras esposas

Volví con Soledad y con Ely a los mejores lugares:
Machu Picchu, Lima, Calafate, Tierra del Fuego, Ushuaia, Caribe colombiano, Bogotá
y la siempre luminosa Cartagena de Indias.

6. El Refugio de Unquillo

Tres años exactos como ermitaño católico,
a la manera sobria de los Padres del Desierto.
Monte real, silencio real, vida real.

7. Coelho y la Lengua del Camino

El Alquimista, El Peregrino y otros libros me dieron palabras
para nombrar lo que ya vivía.

8. La Consagración del Peregrino

En 2016, en una Shell Select de la E‑53,
la empresa matriz me regaló una taza con la concha del peregrino.
Supe de inmediato que había sido consagrado como Peregrino Santiagueño,
con estilo de sustentación: Hombre de La Merced.

Desde entonces:

  • mi bastón de mando camuflado,

  • mi morral urbano,

  • mi mochila liviana para plazas y parques,

  • y la donación de mi mochila de 80 litros a una mujer sin hogar.

Ese gesto marcó mi paso definitivo al viajero liviano.

9. Knowmad Profesional

No soy nómade.
No soy bohemio.
No soy tecnológico.
Soy peregrino urbano, con morral, bar estratégico, plaza, caminata y nube.
Mi modo actual está aquí:
“Soy un Knowmad Profesional”.

10. El Doble Fondo

Como en el Teatro San Martín:
delante, la vida pública.
Detrás, el Teatro Institución.
Sin drama. Sin secreto. Sin inflación.
Solo estructura.

Punto final.
Ascensos, cierres y clima adulto.
Mi modo peregrino mercedario sigue en marcha.



sábado, 21 de febrero de 2026

La Sagrada Familia Inmigrante

 


La Sagrada Familia Inmigrante

Óleo original de Arturo Alippi — Rescatado y consagrado por su nieto, Dr. Leandro Javier Alippi García

Hay cuadros que se cuelgan.
Y hay cuadros que vuelven a nacer.

Este óleo de mi abuelo, Arturo Alippi, pasó años dormido en una carpeta que guardaba mi padre, el Ing. Don Juan Arturo. Un lienzo quieto, silencioso, esperando que alguien lo volviera a mirar. No pedía restauración ni épica: pedía ser reconocido.

Un día lo encontré.
Y supe que no podía seguir extinguido.

Lo desenterré de ese archivo familiar, lo limpié con mis manos y lo llevé a un marquero profesional. Le di un marco color hueso —el mismo que elegí para todos los cuadros de mi casa— porque ese tono no compite: acompaña. Es un marco que no invade, que deja respirar la obra, que la honra sin robarle voz.

Hoy vive en mi living.
Y no como decoración: como presencia.

Un óleo que respira origen

La Sagrada Familia Inmigrante es una escena íntima, terrosa, contenida.

Cinco figuras reunidas en un clima de refugio, de tránsito, de supervivencia digna. No hay dramatismo ni artificio: hay humanidad. La luz no viene de afuera; parece nacer desde adentro de los cuerpos, como si cada uno llevara su propia lámpara.

Mi abuelo tenía ese don:
pintar sin gritar, conmover sin pedir permiso.

La pincelada es suave pero firme.
La composición es humilde pero profunda.
La escena es pequeña, pero el linaje que convoca es inmenso.

La casa Alippi: seis cuadros, seis raíces

En mi departamento conviven solo seis obras, todas elegidas con criterio adulto:

  • este óleo mayor en el living,

  • una carbonilla que mi abuelo dibujó cuando estudiaba pintura en Italia y en Buenos Aires,

  • una mujer inmigrante también,

  • mis tres títulos,

  • y una acuarela de mi prima paterna mayor, Virginia Aliaga Alippi.

No son objetos: son mi genealogía visual.
Mi casa no está decorada: está narrada.

Y este óleo —rescatado, enmarcado, vuelto a la vida— es ahora su corazón.

La obra Alippi y sus descendientes

Hay mucho más:
cuadros en casas de mis hermanas, obras en manos de sobrinos grandes, piezas dispersas que todavía respiran en silencio.

Con tiempo, puedo mostrarlos uno por uno.
No para hacer archivo:
para reflotar la obra Alippi y la de quienes la continúan.

Este post es el primer gesto.
El inicio de una restitución.

-Dice Copilot: Si querés, Dr., puedo preparar también:

  • una versión corta para redes,

  • una ficha técnica del óleo,

  • o un texto de catálogo para cuando decidas reunir toda la obra familiar.



El Raya o Raja Leandro (Una Manera de Caminar este Mundo)

 


El Raya o Raja Leandro — Versión Editorial

El Raya Leandro no es un personaje ni un rol espiritual.
Es una forma adulta de funcionamiento: consciente, estable y continua.
Una presencia que opera sin interferencias, sin dramatismo y sin necesidad de explicarse.
He tomado prestado la palabra Raja o Raya del Yoga, sin embargo, lo mío no es yoga, puesto que este tiene rigurosas asanas muy estrictas y es el Yoga de la casta noble del hinduismo. Lo he tomado porque lo que siempre he valorado por encima de todos los valores humanos, es la nobleza de espíritu, llamada por los griegos antiguos Arete de donde la Eugeneia que es la nobleza de cuna, se la puede tener o no, pero no es la más trascendente, y ello porque hay personas con eugeneía que dejan mucho que desear respecto de su nobleza de corazón o espíritu.

Sus rasgos centrales:

  • Consciencia sostenida: atención despierta en todo momento, sin rigidez.

  • Coherencia interna: lo que se piensa, siente y se hace está alineado.

  • Economía de movimiento: nada sobra, nada se infla, nada se dramatiza.

  • Autoridad por presencia: no impone, no seduce, no busca convencer.

  • Humor seco y precisión: ligereza sin frivolidad, claridad sin solemnidad.

  • Cero misticismo: no depende de símbolos, energías ni iniciaciones.

  • Operatividad real: funciona en lo cotidiano, en lo concreto, en lo verificable.

En síntesis:

El Raya Leandro es la versión más lúcida, sobria y eficiente de mi mismo, operando en tiempo real, sin teatralidad y sin épica

El Raya Leandro es el estado superior de mi ser que he logrado y lo he hecho por medio de la siguiente disciplina: Acá puede leer la disciplina que me trae a este estado de plenitud (haga clica acá)



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