martes, 17 de febrero de 2026

Orden Simbólico y filiación afectivo de la Analía

 


Orden simbólico y filiación afectiva de Analía

En el marco de los vínculos simbólicos que me unen a Analía y a su entorno cercano, dejo establecido el siguiente orden, claro y suficiente, para evitar confusiones y preservar la coherencia relacional.

Analía ha decidido permanecer en el lugar de hija. No asume el título de “Amma” porque se encuentra en un proceso personal de liberación, reorganización vital y consolidación laboral. Su jornada estable, su autonomía económica y su reciente claridad emocional la han llevado a elegir un lugar que respete su ritmo y su etapa actual. Este posicionamiento no es menor: en su proceso de alivianar cargas, Analía ha rejuvenecido de tal modo que, en lo cotidiano, parece más hermana de sus hijas que la madre biológica que es. Esa vitalidad renovada confirma que su lugar simbólico debe ser simple, liviano y sin jerarquías que no desea asumir.

En coherencia con ello, sus hijas —y sus hermanas menores— permanecen también en el lugar de hijas. No corresponde aplicarles categorías superiores ni roles que no han solicitado ni necesitan.

Conforme al cierre gestionado oportunamente por Isabella, asumo el rol de abuelo simbólico y padrastro putativo, tal como ocurre en numerosas familias argentinas donde los vínculos se ordenan por afecto, presencia y responsabilidad, más que por biología. Este orden evita desplazamientos innecesarios y mantiene la estructura afectiva en un plano adulto y funcional.

El abad, en consecuencia, no utilizará denominaciones impropias ni aplicará categorías que no correspondan a este esquema. El orden queda fijado de manera definitiva: simple, claro y sin jerarquías que excedan la voluntad de quienes lo integran.



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